Año tras año, varios grupos de nuestras escuelas y de las parroquias con las que colaboramos, participan en las misiones de Semana Santa.
Cada grupo misionero estaba conformado por alumnos, exalumnos, miembros de la pastoral, jóvenes implicados en la parroquia y hermanas de la Asunción.
Fueron enviados a varias zonas rurales y semiurbanas. El contacto con la gente empieza visitando a las familias e invitándolas a los encuentros y celebraciones. Los grupos organizan las catequesis para los niños, las pláticas para jóvenes y adultos, y las celebraciones del Triduo Pascual.
Esta experiencia inigualable les permite experimentar el gozo de ser testigos de Jesús, y compartir la fe que, a lo largo de los años, han ido forjando a través del itinerario pastoral y las propuestas de aprendizaje. Como escribe una alumna:
“…al pasar de primaria a secundaria, de pronto ya no estás solo escuchando la clase de religión y anotando en tu libreta los 10 mandamientos o la vida de Jesús. En secundaria, eso ya no es suficiente, es hora de aplicar la fe…” (Regina Marrufo González, 6° Bachillerato Asunción-Águilas, México)
Esta pedagogía de la experiencia ofrece espacios de compromiso y de servicio que varían según la edad y el momento del año. La misión de Semana Santa es especial: es una opción para los adolescentes y los jóvenes. En ella viven una inmersión total en realidades de pobreza que no conocen. Es un tiempo lleno de descubrimientos donde se aviva su entusiasmo misionero. Estos días intensos operan en ellos una transformación de mirada y de toda vida, como ellos mismos lo comparten:
“Vi otro lado de México que nunca había visto antes, y por fin entendí lo que había ido a hacer. Fui a aprender a ser generosa, a dar mi tiempo, a ser un oído que escucha, un hombro para llorar, alguien que aconseja desde lo que se me ha enseñado del mensaje de Dios. Aprendí a verdaderamente seguir el ejemplo de María, a actuar desde la disposición, a decir “si” a la misión que Dios me mandó”. (Regina Marrufo González, 6° Bachillerato Asunción-Águilas, México)
“Vivir la experiencia de misiones no solo ha cambiado mi forma de ver y vivir la semana santa, ya que me enseñó una manera mucho más cercana y profunda de vivir estas celebraciones. También me abrió los ojos para lograr ver a Dios en cada una de las personas que conocí, al ver cómo nos recibían para darnos todo, aunque ellos no lo tuvieran, simplemente por el hecho de tener fe y esperanza en nosotros” (Testimonio de Lucía Andrade, 6° Bachillerato Asunción-Águilas, México)
“Participar en misiones fue una experiencia que cambió profundamente mi forma de ver la vida. Antes pensaba mucho en mí y en mis propios problemas, pero al convivir con las personas de la comunidad entendí que hay realidades muy distintas a la mía. Me impresionó su alegría, incluso en medio de dificultades. Aprendí a valorar más lo que tengo y a agradecerlo. También descubrí que puedo servir a los demás con cosas sencillas, como escuchar o acompañar. Regreso con un corazón más sensible y con el deseo de seguir ayudando. Sin duda, esta experiencia fortaleció mi fe y me hizo sentir más cercano a Dios. (Agustín Rivero, 6° Bachillerato Asunción-Águilas, México)
“Las misiones me ayudaron a salir de mi zona de confort y a enfrentarme a una realidad que no conocía. Al principio sentía miedo e inseguridad, pero poco a poco fui descubriendo que Dios estaba presente en cada momento. Convivir con las familias me enseñó el valor de la sencillez y la importancia del compartir. Me di cuenta de que no se necesita mucho para hacer feliz a alguien. Esta experiencia transformó mi manera de pensar, ya que ahora busco ser más empático y solidario. Me llevo grandes aprendizajes, nuevas amistades y el compromiso de vivir mi fe de manera más auténtica. (Juan Pablo Saldaña, exalumno Asunción-México)
“Ir de misiones fue una de las experiencias más significativas de mi vida. Me ayudó a crecer y a cuestionarme sobre el tipo de persona que quiero ser. Al compartir con los niños, jóvenes y adultos de la comunidad, descubrí la importancia de dar sin esperar nada a cambio. También entendí que muchas veces Dios se manifiesta en los pequeños detalles y en las personas que nos rodean. Regreso con el corazón lleno de gratitud y con una mayor conciencia social. Ahora sé que todos podemos ser instrumentos de cambio si estamos dispuestos a servir con amor. (Fernanda Gómez, 4° Bachillerato Asunción-México)
“Acompañar a una comunidad de misioneros tan diversa fue enriquecedor, fue ser testigo de cómo Dios caminaba con cada uno de nosotros y cómo fuimos reconociendo su paso día a día. "Cómo lo reconocimos al partir el pan" fue, y sigue siendo, mi acción de gracias.
“El Salado” (Sinancay, Ecuador) se convirtió en tierra sagrada. Por ahí pasó Dios a través de la generosidad de nuestros misioneros de la Asunción y en la fidelidad de la comunidad de El Salado. Al reconocer que ante tanto amor solo puedo responder con amor, decido ponerlo al servicio de mis hermanos. El Salado me confirma en mi ser Iglesia, esa que está llamada a construir desde lo cotidiano de la comunidad, recordándome que Dios no solo habita en lo extraordinario, sino en la sencillez de caminar juntos”. (Alexandra Jurado Alarcón. Exalumna del Centro Asunción-Ecuador, laica en “Camino de Vida”)
Esta pedagogía transformadora y humanizadora nace de la esperanza y de la alegría, y a ellas conduce. Es nuestro sello Asunción, como nos recuerda María Eugenia:
“… Hay personas que tienen menos dificultad para desprenderse… el misterio de la Asunción se va realizando en ellas. Nuestro Señor las renueva con su gracia, buscan más y más las cosas de arriba, Dios se convierte poco a poco en su único objetivo.
He oído decir que en la Asunción parecemos siempre alegres, joviales, y la razón es muy sencilla… nuestros pensamientos, nuestros afectos están en lo alto, ahí donde no hay ni lágrimas, ni tristezas. ¿Entonces, por qué entristecemos? ¿Por nuestros defectos o por las dificultades? Créanme que la tristeza no les ayudará superarlos. He visto siempre que las personas que crecen, es porque se ocupan menos de sí mismas. Me parece que, si meditamos estas cosas, avanzaremos más en nuestro crecimiento espiritual.”[1]
Hª Ana Sentíes
Provincia Ecuador - México
[1] Capítulo de SME sobre la Resurrección, 16 de abril de 1871