Santa María Eugenia | Vida

Nació en Metz (Francia), Anne Eugénie Milleret recibió de su madre el amor por el valor, la libertad y el servicio. Su padre era diputado y banquero, actividades que le acercaron a los círculos sociales y políticas de la época. Su familia no era religiosa, pero hizo su primera comunión, el día de Navidad de 1829, y le dejó una profunda huella: se siente amorosamente sobrecogida por la grandeza de Dios que "le dejó un lazo de amor".

Siendo adolescente, su padre se arruina; también se separaron sus padres y experimentó la muerte de su madre a causa de una epidemia de cólera. Despojada de todo apoyo, se preguntó cuál era el sentido de su vida y qué le daría una auténtica felicidad. La vida superficial y mundana de su entorno no la llenaba, así como tampoco una vida cristiana demasiado piadosa, que no traducía las convicciones en hechos.

En 1836, asistió a las conferencias cuaresmales del Padre Lacordaire, dominico. Turbada, con sus palabras, le escribe:

"Su palabra daba respuesta a todos mis pensamientos..., completaba mi comprensión de las cosas..., me daba una generosidad nueva, una fe que nada le haría ya vacilar. ¡Estaba realmente convertida!”

Su camino se cruzó con el del Padre Combalot, que le habló sobre la idea de fundar una Congregación al servicio de la educación de las jóvenes con vistas a una transformación social iluminada por los valores del Evangelio. El proyecto nació el 30 de abril de 1839.

La joven, ahora Hermana Marie Eugénie, se convirtió en una fundadora incansable. Su confianza en Dios, su gran libertad con las relaciones y su capacidad de ver el futuro, siempre centrado en Cristo, le dieron el valor y la humildad para desafiar con audacia las alegrías y las luchas de sus 59 años de vida religiosa.

Las grandes amistades con la Hermana Thérèse Emmanuel, cofundadora de la Congregación, con el Padre d'Alzon que fundó los Agustinos de la Asunción en 1845, y con otros muchos, abrieron su visión.

Hacia el final de su vida, viviendo un gran despojo físico, a María Eugenia, le gustaba decir: "Ya no me queda más que ser buena". Cuando murió en 1898, la Congregación estaba muy extendida.

Fue reconocida como santa por la Iglesia, beatificada en 1975 y canonizada en 2007.

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