El grano de trigo ha caído en la tierra, ha muerto y está germinando. Los campos verdean en esta parte del planeta. Estamos dejando atrás un duro invierno. En las montañas aún queda nieve que, poco a poco, continúa su deshielo. Los almendros están en flor. Los árboles frutales han sido podados para dar fruto. La tierra está despertando a la vida. La naturaleza se viste de primavera. ¡Una fiesta para los sentidos y para la contemplación!
¿Qué pasa con el mundo? Guerras recientes y otras que se prolongan en el tiempo. Muertos, desplazados, destrucción, crisis energética, preocupación por la economía global y por la familiar. Países que colapsan. ¿Qué me pasa cuando escucho la realidad del mundo? A veces me embarga la tristeza; en ocasiones me asaltan las preguntas, en otras miro hacia atrás, hacia la Historia y siento el deseo de rezar, de confiar en el Dios que creó el mundo para que viviéramos y lo cuidásemos. Y la vida va transcurriendo entre la contemplación de la creación y la preocupación por la humanidad herida. Pero estamos en Pascua.
El escritor inglés Chesterton en su libro The Everlasting Man, escribió esta excelente cita sobre lo que significa la Resurrección de Cristo: “Al tercer día, los amigos de Cristo, viniendo al amanecer al lugar, encontraron la tumba vacía y la piedra removida. De diversas maneras ellos se dieron cuenta de la nueva maravilla; pero difícilmente se dieron cuenta que el mundo había muerto esa noche. Lo que estaban viendo era el primer día de la nueva creación, con un nuevo cielo y una nueva tierra; y la apariencia de un Dios jardinero anduvo de nuevo en el jardín, en la frescura no de la noche sino del amanecer.”
Estos días cantamos o recitamos en nuestras celebraciones en el antiguo himno pascual escrito en 1048, Victimae Paschali Laudes. El himno pone ante nuestros ojos una imagen poderosa: “lucharon vida y muerte en singular batalla”. No es una metáfora vacía. Jesús se entrega a la batalla para que tú y yo podamos decir y creer que se entregó por ti y por mí. La palabra griega anástasis, que procede del verbo anístēmi, significa "hacer levantar", "resucitar". Por eso, la resurrección no es un evento estático. Cristo vence. Es el momento en que el "Dueño de la vida" se levanta y derrota al último enemigo, la muerte, despojándola de su capacidad de inspirar pánico.
Pues sí, al tercer día, una de las amigas de Cristo, la primera testigo, la apóstol de los apóstoles, nos deja en este himno un bello diálogo. “¿Qué has visto de camino, María en la mañana?” su respuesta es personal: “Resucitó de veras mi amor y mi esperanza”. Hoy, cuando miremos el mundo, repitamos con la esperanza de sabernos y sentirnos criaturas amadas hasta el extremo: ha resucitado Jesús, mi amor y mi esperanza. Que, en el hoy y en el ahora de nuestro tiempo y nuestra Historia, aprendamos de los cristianos de la Iglesia primitiva que la resurrección de Jesucristo renueva también la creación. Por eso, no dejemos de elevar nuestra oración de intercesión por la humanidad, a la que tanto ama el Señor, vencedor de las ataduras de la muerte.
“Sabemos que Cristo resucitó verdaderamente de entre los muertos: Tú, Rey victorioso, ten misericordia de nosotros. Amén. Aleluya”. (Victimae Paschali Laudes)
¡Feliz Pascua de Resurrección!
Ana Alonso, ra
Comunidad de Ponferrada
Provincia de España