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Estudiar en La Asunción te cambia la vida

E eventMiércoles, 29 Julio 2026

Educación de calidad, docentes comprometidos con el aprendizaje de los estudiantes, valores, fortalecimiento de la fe, amistad. Todo eso lo encontré con la familia asuncionista. La experiencia cambió mi vida.

A mediados de 1987, mis padres buscaron mejores opciones educativas. La Asunción se perfiló como el recinto ideal: famoso por su calidad académica, administrado por religiosas, y cerca del trabajo de papá. Mamá me ayudó a prepararme para las pruebas de admisión y en 1988 aparecí en la puerta de la galera con mi camisa blanca, falda a cuadros y con una mochila llena de cuadernos.

Al principio, sentí una mezcla de nervios y emoción. «¿Les caeré bien a mis compañeras? ¿Cómo serán los profesores? ¿Me irá bien con las notas?», me preguntaba. Las respuestas fueron llegando poco a poco, a medida que el tiempo transcurría. Para mí, todo resultaba innovador, desde el tamaño de la infraestructura (porque venía de un colegio que estaba en una casa pequeña), hasta el modelo educativo.

En el lugar anterior, se nos pedía que copiáramos las clases; en La Asunción, en cambio, trabajábamos haciendo guías de las cuatro materias principales: Idioma, Sociales, Naturales y Matemática. Ese sistema me permitió aprender a ordenar el tiempo para cumplir con las diversas actividades y me volvió una investigadora independiente, de tal manera que raras veces pedía ayuda a mis padres, y me facilitó el desenvolvimiento en la universidad.

Recuerdo que al inicio me daban miedo las religiosas, porque llevaba la impresión de que debían ser estrictas y enojadas; sin embargo, ese pensamiento se esfumó cuando conocí a la directora de aquel entonces: Madre Maite. Era española. Tocaba una especie de tambor en las misas y siempre sonreía. También me ganaron el corazón Madre Abigail y Madre Lupita, quienes trataron con cariño y paciencia a mi hermana, que lloró todas las mañanas de kínder 4, de febrero a marzo, cada vez que mi mamá la dejaba en el colegio.

La hermana Noemí nos preparó en tercer grado para la Primera Comunión. Amaba sus catequesis. Sus clases sobre el Nuevo Testamento me permitieron conocer de manera más profunda a Jesús de Nazareth. Me pareció el hombre más grandioso que haya existido: su humildad, siendo el hijo de Dios; su misericordia, siendo el único que puede juzgar; su sabiduría, su autoridad. Para mí, era un verdadero rockstar.

En el ámbito académico, encontré docentes no solo bien preparados y que disfrutaban de dar clases, sino también muy humanos. Zoilita Baires, por ejemplo, fue una bendición en la vida de muchas estudiantes, yo incluida. Fue maestra, «madre adoptiva» y amiga. De hecho, ella fue una de las razones por las que me convertí en docente.

Por otro lado, La Asunción también me permitió formarme en valores y ver más allá de mis necesidades. La fundadora de la congregación, María Eugenia de Jesús, invitaba a ver al otro, a velar por él, desde nuestra cotidianidad, profesión u oficio, hacer diferencia.

Finalmente, debo decir que en La Asunción hice a las amigas que me acompañan hasta ahora, con quienes puedo contar no importa si viven en Alemania, España o El Salvador. Buena parte de lo que soy se lo debo a mi formación asuncionista. Ser asuncionista me cambió la vida.

 

Karina García

Exalumna Colegio La Asunción El Salvador