El 9 de febrero de 1975 el Papa Pablo VI proclamó Beata a María Eugenia de Jesús, fundadora de las Religiosas de la Asunción, en la Basílica de San Pedro. Ese momento significativo no solo reconoció su santidad individual, sino que afirmó ante la Iglesia universal el valor de su vida y carisma para los desafíos evangelizadores de nuestra época.
La beatificación es un acto solemne por el cual la Iglesia reconoce que una persona ha vivido las virtudes cristianas de manera heroica y propone su testimonio como digno de veneración y seguimiento. Según el Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica, los beatos y santos son modelos de vida cristiana e intercesores ante Dios (cf. Lumen Gentium 49; CEC 956). Por ello, la beatificación no es un simple recuerdo del pasado, sino la confirmación de que ese camino de fe sigue siendo vivo, fecundo y actual para la Iglesia.
La celebración de la beatificación no se agota en el recuerdo de un pasado glorioso, sino que activa una llamada viva para la Iglesia asuncionista en el presente, con cuatro dimensiones teológicas e institucionales fundamentales:
Recordar y celebrar la beatificación de Madre María Eugenia de Jesús es hacer presente una llamada que sigue resonando: a la santidad concreta, al servicio del Evangelio, y a la fidelidad creativa del carisma que ella vivió. Que esta conmemoración nos fortalezca para responder al proyecto de Dios y continuar siendo colaboradoras del Reino de Cristo.
Almudena de la Torre
Equipo de Comunicación
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