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La beatificación de Madre María Eugenia de Jesús: un don para la Iglesia y para el mundo

L eventMartes, 10 Febrero 2026

El 9 de febrero de 1975 el Papa Pablo VI proclamó Beata a María Eugenia de Jesús, fundadora de las Religiosas de la Asunción, en la Basílica de San Pedro. Ese momento significativo no solo reconoció su santidad individual, sino que afirmó ante la Iglesia universal el valor de su vida y carisma para los desafíos evangelizadores de nuestra época.

El significado profundo de una beatificación

La beatificación es un acto solemne por el cual la Iglesia reconoce que una persona ha vivido las virtudes cristianas de manera heroica y propone su testimonio como digno de veneración y seguimiento. Según el Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica, los beatos y santos son modelos de vida cristiana e intercesores ante Dios (cf. Lumen Gentium 49; CEC 956). Por ello, la beatificación no es un simple recuerdo del pasado, sino la confirmación de que ese camino de fe sigue siendo vivo, fecundo y actual para la Iglesia.

La llamada que nos hace hoy la beatificación

La celebración de la beatificación no se agota en el recuerdo de un pasado glorioso, sino que activa una llamada viva para la Iglesia asuncionista en el presente, con cuatro dimensiones teológicas e institucionales fundamentales:

  1. Santidad como horizonte de toda vida cristiana El carisma asuncionista no es un proyecto aislado, sino un don del Espíritu para la Iglesia, destinado a enriquecerla en fidelidad a Cristo. Como afirma san Juan Pablo II en la exhortación apostólica Vita Consecrata, los carismas de los fundadores “aparecen como una experiencia del Espíritu, transmitida a los discípulos para ser vivida, custodiada, profundizada y desarrollada en armonía con el Cuerpo de Cristo” (VC 19). Vivir el carisma es una gracia y una misión al servicio de la Iglesia universal.
  2. Carisma y comunión eclesial El carisma asuncionista es un don del Espíritu destinado a enriquecer la Iglesia en fidelidad a Cristo. Un charisma implica participar en la espiritualidad cristiana que impulsa a la comunidad a servir al mundo. Esta comprensión subraya que vivir el carisma es también una misión al servicio de la Iglesia universal.
  3. Contemplación y misión: la unidad de vida cristiana La experiencia espiritual de María Eugenia encarnó una profunda contemplación que alimentaba su acción apostólica. El carisma asuncionista nos invita a vivir la fe con una unidad de contemplación y misión, donde oración y vida apostólica forman una sola respuesta al llamado de Dios. Esta integración es clave para nuestra época, cuando la búsqueda de sentido y la transformación social requieren una espiritualidad integrada.
  4. Testimonio en el mundo contemporáneo La beatificación nos impulsa a actualizar el testimonio de María Eugenia en los desafíos actuales: educación integral, promoción humana, diálogo cultural y compromiso con la justicia y la fraternidad. Vivir este testimonio no es solo recordar virtudes pasadas, sino hacer presente la fidelidad de Cristo hoy con creatividad y confianza en el Espíritu.

Recordar y celebrar la beatificación de Madre María Eugenia de Jesús es hacer presente una llamada que sigue resonando: a la santidad concreta, al servicio del Evangelio, y a la fidelidad creativa del carisma que ella vivió. Que esta conmemoración nos fortalezca para responder al proyecto de Dios y continuar siendo colaboradoras del Reino de Cristo.

Almudena de la Torre

Equipo de Comunicación

 

 

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