Testimonio de una estudiante de Guayaquil (Ecuador)

T eventViernes, 10 Abril 2020

Primero que todo quiero dar gracias por poder dirigirme a ustedes, y representar a mi curso. Enterarme de que debía hacer este discurso fue para mí un honor enorme. Me puse a pensar en todo lo vivido estos años, y sumergida en recuerdos y oraciones, llegué a una conclusión. Esto es lo que somos: somos velas. Las personas que están alrededor nuestro, este colegio, las convivencias, la gymkhana, todos los sacrificios y satisfacciones que hemos tenido aquí, nos han llenado de luz. Y si somos velas, ¿qué otro propósito tenemos sino iluminar?

Este colegio dejó huella en nosotros, y más importante que eso, hemos dejado huellas unos en otros, hemos crecido juntos y nos hemos ayudado a crecer. Ahora salimos de aquí, más iluminados que nunca. Nos sentimos bien aquí. Este lugar representa una fuente de luz para nosotros desde pequeños, al igual que nuestras familias. Y si todo en nuestro entorno brilla, ¿estamos cumpliendo nuestro propósito? Una vela no cumple su propósito estando de día. Cuando salgamos de nuestra comodidad, y nos lancemos en busca de ese lugar donde somos llamados a brillar; cuando vayamos por la oscuridad, encaminando gente que no podía encontrar un rumbo, llevando verdad, o alegrando a aquellos que no tenían ya esperanza, AHÍ, donde más brillemos, sabremos que estamos cumpliendo nuestro propósito. Sabremos que nuestra vida nunca pudo tener más sentido.

Amigos, dense cuenta lo valiosos que son en este mundo, no se desperdicien. Si la vida nos ha dado este colegio, estos compañeros que han influido en nosotros, y nos ha hecho tan capaces de ser buenos líderes… tenemos lo necesario para decir que somos clave en la transformación de la sociedad.

Nos han enseñado que si bien es cierto que los estudios y la constante preparación académica te abren puertas, más lo hacen la bondad y la rectitud. Y que practicándolas a diario es como se nos abren las puertas correctas. Nos han ayudado a comprender que el mundo no necesita más ciencia y conocimiento, antes que bondad, antes que firmeza para hacer cumplir lo que es justo, considerando a todos.

Nos han formado para ser jóvenes libres, con criterio, para no ser esclavos de aquellos que ofrecen ilusiones para al final entregar decepción e injusticia. Nos han formado para no caer en el juego de aquellos que ven el mundo como un negocio, que nos prometen una felicidad falsa. Se han preocupado porque sepamos qué es lo que nos conduce a una felicidad auténtica, infalible. Y especialmente, quién.

Cuando sientan que necesitan ayuda, que se están empezando a apagar. Acudan a su familia o amigos, que pueden compartirles de su llama. Pero siempre recuerden, aquello que jamás se apagará, será la luz de Dios. Y qué mejor que el amor de Dios para dejarnos encender por él. Por esto tomo las palabras de Santa Madre María Eugenia: Para dar luz, hay que llenarse de luz.

No se queden cumpliendo un propósito a medias. Arriésguense día a día, a ser luz donde sepan que se necesita. Pregúntense a cada instante, ya sea en sus casas, en la universidad, en el trabajo, en la calle, ¿dónde se necesita de mi luz? ¿Dónde está aquella vela apagada que pide que alguien la vuelva a encender?

Quiero agradecer a todos ustedes, por ser luz en mi vida, especialmente agradezco a los padres de familia y a nuestros profesores. Porque este es un logro de todos. Ustedes y cada uno de nosotros, dieron lo mejor de sí para que este día pudiera llegar.

Ahora quiero preguntarles algo. ¿Sabemos lo que queremos conseguir? Antes sólo buscábamos aprobar materias, pero ahora es decisión de nosotros a dónde queremos ir, a dónde queremos llegar, y cómo lo haremos.

Queremos estudiar, prepararnos bien para llegar muy alto académicamente, llenarnos de conocimiento y habilidad, ¿para usarlo sólo como fuente de más y más dinero, y reconocimientos?

No lo creo. Queremos prepararnos para ayudar más, para ser más útiles, para ponerlo todo al servicio de nuestro país, de la naturaleza, de los que menos tienen, de los miles que están muriendo por enfermedades muy difíciles de controlar.

Prepararnos para hacer prevalecer la justicia, para tener una voz que pueda llegar a millones de personas, para realizar grandes proyectos medio ambientales, para salvar vidas.

Nuestra predisposición por cambiar el mundo, será el motor que nos impulse en el camino por recorrer. A medida que vayamos asimilando que queremos ser parte de la solución, y no del problema, y entendamos que el reto no es volvernos grandes, sino engrandecer a los demás, nuestro camino se irá despejando. Si nos proponemos hacerlo todo con amor, será suficiente para alcanzar el éxito, porque todo lo que se hace con amor, está bien hecho.

Gracias.

Ana Isabel Reyes

Estudiante de tercero de Bachiller del Colegio de la Asunción de Guayaquil Ecuador