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Ascensión del Señor: vivir con la mirada puesta en el cielo

A eventJueves, 14 Mayo 2026

La Ascensión del Señor no es solo el momento en que Jesús sube al cielo tras la Resurrección. Desde la espiritualidad de Santa María Eugenia de Jesús, este misterio es una llamada a vivir con el corazón elevado hacia Dios, sin dejar de comprometernos con nuestra misión en el mundo.

Cuarenta días para preparar a la Iglesia

Después de resucitar, Jesús permaneció cuarenta días con sus discípulos. Sus apariciones no eran casuales: fortalecía su fe, instituía los sacramentos y preparaba a los apóstoles para continuar la misión de la Iglesia.

Santa María Eugenia destaca también cómo Cristo buscaba momentos de oración y recogimiento. Incluso glorificado, nos enseña algo fundamental: la misión y la contemplación no se oponen, se necesitan.

Un misterio que nos invita a elevar el corazón

La Ascensión recuerda al cristiano que su vida no puede quedar encerrada únicamente en lo terreno. Jesús asciende para atraer hacia el cielo nuestros pensamientos, deseos y esperanzas.

En una sociedad marcada por la prisa y las preocupaciones diarias, este misterio nos lanza una pregunta directa: ¿dónde está realmente nuestro corazón?

María: modelo de esperanza y fidelidad

La Virgen María ocupa un lugar central en este misterio. Tras la Ascensión, permanece junto a la Iglesia naciente, sosteniendo a los discípulos con su oración y su presencia.

Para Santa María Eugenia, María nos enseña a mirar todas las cosas desde Dios. No se quedó paralizada mirando al cielo: siguió aquí, acompañando, mediando, confiando.

La Iglesia vive en espera

Los escritos de Santa María Eugenia describen a la Iglesia, tras la Ascensión, en un «estado de viudez»: vive esperando el regreso de Cristo. Pero no es una espera vacía ni resignada. Es una espera activa, llena de esperanza. El Señor ha subido al cielo, pero sigue presente y actuando en medio de su pueblo.

Una invitación para hoy

La Ascensión es una llamada a vivir con más profundidad, adoración y confianza. Contemplar a Cristo glorificado nos ayuda a relativizar lo pasajero y a recordar que nuestra verdadera meta está en Dios.

 

Almudena de la Torre

Equipo de Comunicación