Cuando hablamos del origen de nuestra comunidad, siempre se evoca el encuentro por los 200 años de la congregación a nivel mundial, y 60 años de presencia en Ecuador. Sin embargo, reconocemos que cada una de nosotras inició su caminar como cristianas y asuncionistas en diferentes épocas como ex alumnas y profesoras, y es Santa María Eugenia las que nos permitió coincidir en esta misión compartida. Nuestra comunidad al estar formada por mujeres (hasta el momento) de diferentes generaciones, permite que nuestra vivencia sea enriquecida y que podamos conectar con la gran familia de la Asunción.
Si bien iniciamos como un grupo que nos permitía conectar con la memoria amorosa de los años de colegio, dónde la música configuró nuestra experiencia de Dios y de conciencia social, progresivamente entendimos que no era suficiente vivir de la nostalgia y del deseo de un lugar seguro que nos regalaban nuestras experiencias estudiantiles. Y es así que pasamos de cantar “somos herederos, abramos el surco y sintamos el peso de la tierra” a sentirlo y optar por una vida comunitaria, crecer en formación, unirnos en oración y comprometernos con la congregación siendo nuestra misión la evangelización y animación a través de la música.
Hemos abrazado nuestra misión, descubriendo en la música una forma de conectar y profundizar la experiencia del encuentro con Jesús en diferentes momentos no solo para nosotras sino, para toda la familia Asunción, compartiendo con sencillez en las comunidades que forman parte de la obra en la Asunción Ecuador - México, y descubriendo la gran familia que nos unifica con los pensamientos de nuestra fundadora que se plasman en canciones y que cuando las cantamos o las escuchamos nos recuerda de dónde venimos, lo que llevamos en nuestro corazón, nuestra herencia.
Y es esta misma música que nos abre los ojos al mundo y nos permite expresar las realidades de nuestros pueblos reconociéndonos como una sociedad con historias y experiencias coincidentes que atraviesan los mismos dolores y alegrías. Pero también la música no solo es una expresión de devoción, sino que nos devuelve la esperanza y la confianza de que es posible que este mundo sea un lugar de Gloria para Dios, nos alienta a continuar trabajando en la construcción del Reino y a entregar nuestra vida a Jesucristo.
En los encuentros de las comunidades, la música adquiere un significado aún más profundo, ya que se convierte en un vehículo para expresar la presencia cercana de Dios y fomenta una experiencia colectiva de adoración. Es a través de este medio que honramos a nuestro Padre y nos acercamos por medio de la música a una experiencia de fe, trascendiendo el tiempo y las distancias.
Y es así como la música sigue siendo un elemento imprescindible en la misión evangelizadora, en la vida cotidiana de las comunidades y caminos personales, recordándonos que la belleza y la espiritualidad están intrínsecamente vinculadas en el camino hacia la santidad y la comunión con Dios y nuestra Iglesia.
VOCES ASUNCIÓN
Provincia de Ecuador y México
Original español
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