Al cerrar esta etapa como responsable de comunicación a nivel mundial, mi corazón se llena de gratitud. Han sido años intensos desde aquel agosto de 2019 en el que iniciábamos este camino junto a Almudena de la Torre y Linda, con el acompañamiento cercano de la hermana Rekha y su consejo general. Recuerdo con especial agradecimiento la confianza, la escucha y el impulso recibido, particularmente de la hermana Isabelle Roux, así como la colaboración generosa de la hermana Françoise en un primer momento y de la hermana Sandra en esta última etapa.
Nada de lo vivido hubiera sido posible sin una red viva y comprometida: las referentes de comunicación de las provincias y sus equipos, que con creatividad, constancia y sentido de pertenencia han hecho visible la vida y la misión en tantos lugares del mundo. Gracias a las hermanas provinciales que posibilitan esta misión y con las que he podido compartir y construir pensamiento común.
Gracias también a las responsables y equipos de las distintas áreas de misión que finalizaron en el capítulo del 2024, con quienes hemos aprendido a comunicar lo que somos, comunicando lo que hacemos. Gracias por las responsables y equipos en las provincias, que han hecho posible compartir recursos y experiencias a lo largo de estos años, seguimos contando con vosotros.
De manera especial, quiero reconocer a la hermana Cecile F., por su disponibilidad y claridad desde el economato general, y a Véronique, por custodiar la memoria viva que nos sostiene y nos orienta.
Un agradecimiento muy especial también a las traductoras, sin las cuales hubiese sido imposible responder al reto de una comunicación en tres idiomas en web, redes sociales y publicaciones en papel. Gracias porque en vuestra entrega silenciosa posibilitáis tantas reuniones y encuentros.
En estos años hemos ido comprendiendo que comunicar no es simplemente transmitir informaciones, es, ante todo, construir comunión. Como bien expresamos en el plan que hemos querido desplegar en estos años, la comunicación forma parte de una cultura: un modo de relacionarnos, de generar sentido, de compartir vida. Por eso, más que crear estructuras o producir contenidos, hemos intentado dar pasos hacia una auténtica cultura de la comunicación Asunción.
Una cultura que nace del deseo de encontrarnos, de escucharnos, de reconocernos como cuerpo. Una cultura que impulsa a pasar del “yo” al “nosotros”, a tender puentes, a generar diálogo, a cuidar la casa común desde una palabra verdadera, buena y bella. Una cultura que no se delega en unos pocos, sino que implica a todos: religiosas, laicos, jóvenes, niños… cada uno desde su lugar y su voz.
Sabemos que este camino está aún en construcción. Quizá uno de los frutos más valiosos de esta etapa ha sido tomar conciencia de que comunicar forma parte de nuestra misión, y que necesita ser cuidado, formado y discernido comunitariamente. La cultura de la comunicación no se improvisa: se cultiva con paciencia, con coherencia, con humildad.
Hoy, al despedirme de esta responsabilidad, no siento que algo termine, sino que algo se entrega. Confío profundamente en el nuevo equipo que continuará esta misión. Gracias a la hermana Ingrid y a su provincia de Centroamérica-Cuba por la generosidad al asumir esta tarea. Estoy segura de que sabrá seguir construyendo, con creatividad y fidelidad, esta cultura de la comunicación que tanto necesitamos para ser más plenamente lo que estamos llamadas a ser.
Me voy agradecida. Agradecida por lo compartido, por lo aprendido, por los vínculos creados. Agradecida también por los desafíos, que nos han obligado a crecer y a buscar juntas caminos nuevos.
Y me voy con esperanza. Porque cuando la comunicación nace del corazón y se pone al servicio de la comunión y de la misión, se convierte en un lugar donde Dios sigue encarnándose, encontrándonos y enviándonos.
Gracias por tanto. Seguimos caminando, cada una desde su lugar, pero unidas en el mismo Espíritu.
MERCEDES MÉNDEZ SILIUTO, RA
Responsable de Comunicación 2019-2026
Provincia de España
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