El Papa León XIV en Canarias desde una perspectiva de JPICs
El eco de los pasos del Papa León por Canarias aún resuena con mucha fuerza en nuestras islas y en nuestros corazones, no como el recuerdo de un acontecimiento institucional más, sino como una sacudida directa a la conciencia colectiva. En el Encuentro de La Laguna, en Tenerife, sus palabras no se quedaron en la superficie de la diplomacia; calaron hondo en todos nosotros al señalar la realidad sangrante de la ruta atlántica y fueron un firme grito defendiendo el respeto a la dignidad de toda persona y a la acogida, protección, promoción e INTEGRACIÓN de cada uno sin muros de ninguna clase, el Papa hizo una preciosa alusión al hecho de que La Laguna es una ciudad sin murallas y a veces las murallas se muestran en los gestos, las miradas, las palabras...¡nos traspasó el corazón!. Al mirar el horizonte de nuestras costas, el Papa nos recordó con bellísimas palabras, que el océano que nos rodea no puede seguir siendo una fosa común, sino un puente de humanidad entre tres mundos: Europa, África y América. Desde esta frontera líquida que es Canarias, su mensaje cobró una urgencia profética: el drama de quienes tienen que dejar sus países en condiciones infrahumanas, y que a veces son víctimas de trata, se encuentran solos y en la calle, sin saber la lengua, totalmente desamparados, y esto nos interpela en lo más profundo de nuestra fe y de nuestra condición humana.
Hablar de migración en Canarias ¡es ponerle rostro concreto y humano a la estadística! Es ponerle el rostro cansado, de los jóvenes, niños y mujeres que llegan a nuestras playas tras días de incertidumbre en el océano, un rostro cansado pero encendido de esperanza y valentía porque se lo juegan todo a una sola carta; es la mirada de las madres que buscan un futuro digno para sus hijos e incluso entregan a los que se embarcan en los cayucos, a sus propios hijos pequeños para conseguirlo. Detrás de cada cayuco hay una historia de supervivencia, un clamor de justicia y, sobre todo, una profunda dignidad que ninguna frontera política y geográfica, ni ningún estigma social puede borrar, ¡son PERSONAS concretas con las que tenemos trato diario!
Es precisamente aquí donde la palabra del Papa conecta con la mirada transformadora de la Asunción. Para nosotras, el anuncio del Evangelio lleva implícita la construcción de un Reino sin fronteras, una realidad teológica y humana donde ¡el único pasaporte requerido, es la condición de ser criatura e hijo de Dios y, por tanto, ciudadano de nuestra casa común! En la Asunción tratamos de mirar la realidad no desde la lógica de los mapas y las soberanías exclusivas, sino desde la mística de la fraternidad universal. En nuestra pedagogía y en nuestra vida compartida en las periferias, cada persona es sagrada y cada historia merece ser escuchada y dignificada.
El drama de la migración es evidente: la vulnerabilidad, el desarraigo, las trabas burocráticas y la dolorosa indiferencia de un mundo que a menudo prefiere blindarse antes que acoger. ¡véase el restrictivo Pacto de Migración y Asilo PEMA que, desgraciadamente, entraba en vigor el mismo día 12 de junio en el que el Papa León estaba con nosotros en La Laguna! Sin embargo, la visita del Papa León y el carisma de la Asunción nos invitan a fijar la vista en la otra cara de la moneda: la esperanza, ¡alzar la mirada con los pies bien anclados en la tierra! Una esperanza que no es un optimismo ingenuo, sino una fuerza activa que se traduce en redes de hospitalidad, en comunidades eclesiales que abren sus puertas y en ciudadanos que se niegan a naturalizar el dolor ajeno.
Cuando el Reino de Dios se hace presente, las fronteras se desdibujan. El encuentro de La Laguna nos dejó una tarea clara de cara al futuro: pasar de la cultura de la sospecha a la CULTURA DEL ENCUENTRO. Canarias, por su posición y su historia de pueblo migrante, está llamada a ser el faro de esa mirada nueva. Una mirada que, inspirada en el mensaje del Papa y en el compromiso de la Asunción, reconoce en cada hermano que llega a nuestras islas el rostro mismo de Jesucristo, recordándonos que el Reino que esperamos y construimos ya ha comenzado, y no entiende de fronteras, ¡porque las fronteras nunca estuvieron en el proyecto de Dios!
Magdalena Morales Valverde RA
Santa Cruz de Tenerife