En el domingo de la Sagrada Familia, el Jubileo de la Esperanza 2025 fue celebrado de manera especial en la diócesis de Antananarivo. La Eucaristía tuvo lugar en la catedral de la Inmaculada Concepción de Andohalo. Los fieles acudieron en gran número y, incluso fuera del recinto de la catedral, muchos permanecieron de pie hasta el final de la misa. La celebración estuvo presidida por Mons. Jean de Dieu Raoelison, obispo de Antananarivo Central. En su homilía recordó que la Sagrada Familia de Nazaret, como todas las familias, atravesó pruebas difíciles. Recordó la pérdida de Jesús en el Templo, que llevó a María y a José a buscarlo con angustia, y la respuesta de Jesús: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debía ocuparme de las cosas de mi Padre?». También evocó la angustia vivida por José, desde Egipto hasta Nazaret. Llamamos santa a esta familia por la presencia de Jesús en medio de ella; por eso, nuestra familia también es santa si Jesús está en el centro de nuestra vida personal, y cada uno de sus miembros lo es igualmente. De ahí que afirmemos que la familia es una pequeña Iglesia. La Sagrada Familia tenía la costumbre de vivir con Jesús; cuando no estaba, percibía su ausencia y salía a buscarlo. ¿Nuestra familia sigue teniendo el hábito de vivir con Jesús? ¿Permanece con nosotros o se ha ido? Si Jesús no está en nuestra vida, ¿lo notamos? La vida sin Jesús se destruye.
La Sagrada Familia es el modelo por excelencia de toda familia, porque amaba la oración y procuraba respetar las normas del gobierno de su tiempo. Nunca dejó de realizar la peregrinación a Jerusalén, a pesar de la larga distancia entre Nazaret y Jerusalén. No buscó excusas para no acudir a la Iglesia. Así, la familia de Nazaret nos enseña a orar, porque la oración aumenta el amor y ayuda a la familia a no dejarse atraer fácilmente por el mal. Esto está en plena sintonía con el lema de la diócesis de Antananarivo: «La oración es una vida que alimenta y fortalece la relación de la familia con Dios». Pero surge la pregunta: ¿ama nuestra familia la oración?
Siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia, todos estamos llamados a proteger la vida y a ser misericordiosos con nuestros hermanos y hermanas, como Dios ha sido misericordioso con nosotros desde siempre. El respeto debe reinar en la vida familiar, especialmente el respeto a los padres, que conduce al perdón. Cada familia está invitada a caminar unida, a dialogar, a escucharse y a renunciar al orgullo mal entendido. Nuestra familia es un camino hacia la vida en Dios si permanecemos siempre unidos a JESÚS.