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El tiempo como experiencia orientada al acontecimiento

E eventMartes, 21 Abril 2026

La manera en que utilizamos nuestro tiempo nos define más que cualquier otro aspecto.

Existen grandes diferencias en la valoración del tiempo entre las distintas culturas, lo que nos invita a “hacer lo correcto, en el momento adecuado y en el lugar adecuado”.

En la vida cotidiana, elegimos cómo emplear el tiempo según nuestras situaciones y circunstancias. La comprensión tradicional africana del tiempo difiere de la visión occidental. El tiempo africano está más orientado al acontecimiento que al reloj. Se vincula a hechos y actividades reales, especialmente allí donde se dan interacciones sociales: se prioriza el evento, no su duración; el inicio o el final resultan menos relevantes.

Personalmente, como religiosa africana, experimento el tiempo de dos maneras distintas. Por ejemplo, cuando utilizo un autobús como medio de transporte, el conductor o el cobrador me aseguran que saldrá en cinco o diez minutos. Este tiempo de espera no se percibe como una pérdida, sino como una oportunidad de interacción con otros pasajeros. Se convierte en un espacio de intercambio de noticias y comentarios sobre la actualidad. Consciente o inconscientemente, como africanos tenemos un cierto grado de tolerancia a la tardanza. Sin embargo, en el ámbito profesional estoy llamada a respetar los horarios: valoro el tiempo lineal y acudo al trabajo a la hora acordada. Informes, citas médicas, entrevistas, plazos o exámenes académicos se cumplen sin concesiones. Lo mismo ocurre en mi vida religiosa: los tiempos establecidos para la oración, la vida comunitaria, la planificación, las comidas y la misión diaria deben respetarse.

Cuando visito a mi familia en una zona rural, experimento una realidad distinta respecto al tiempo. Para la mayoría, no es necesario un reloj para saber la hora. La posición y el tamaño de las sombras, el canto de los pájaros, la ubicación del sol, la sensación del aire, el ganado que va a beber o regresa al hogar, el primer, segundo o tercer canto del gallo, el color anaranjado del sol al atardecer, la aparición de la luna y las estrellas, o ciertas flores que se abren y se cierran a horas concretas del día indican el momento. Durante los primeros días me siento desorientada y percibo una aparente desorganización o lentitud en las actividades familiares. Pero no es así: el ritmo de la vida fluye. La naturaleza nunca tiene prisa y, sin embargo, todo se realiza y se cumple. Recuerdo con claridad cuando comencé a preparar la cena y me dijeron: “Las gallinas aún no han vuelto”, lo que significaba que todavía era pronto para cocinar.

Durante los encuentros religiosos o sociales, existe un fuerte sentido de comunidad. Las personas se conocen entre sí, el ritmo es pausado, no hay urgencia. El presente, el ahora, es sagrado y de gran valor: un tiempo para construir relaciones, reencontrarse y fortalecer la solidaridad.

El tiempo africano nos invita a: «PARAR Y RESPIRAR».

Por Hna. Nancy

Provincia de África del Este