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La vida desde dentro tiene otra mirada, otro sabor

L eventJueves, 24 Septiembre 2020

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Original en español, por Vicky Kamene. Comunidad de Vallecas

Quizás nos   preguntamos: ¿se puede vivir la vida compartiéndola de una manera sencilla tal como nos propone nuestro carisma?  ¿Es un reto? Diremos SÍ o NO pero cuando la mirada está fija es Jesucristo todo se transforma. Una manera perfecta es volver a las fuentes y beber lo sabroso, lo que tenemos en común.

Desde el deseo de seguir creciendo juntas, el Consejo provincial nos propuso la idea de un encuentro de las hermanas de menor edad de la Provincia. La idea era buena, aunque el momento no nos parecía el más oportuno por la situación que vivimos, pero la necesidad de respirar otro aire, de reunirnos y compartir juntas era importante. Vimos la necesidad de reflexionar juntas para concretar la idea y utilizamos los medios virtuales que en estos momentos están ayudándonos a continuar la vida. Algunas hermanas de nuestro grupo prepararon el encuentro que decidimos vivir en el El Olivar (Málaga) con un deseo enorme de ver y estar con las hermanas. Tener un encuentro de cuatro días, donde poder compartir experiencias que nos ayudaran a conocernos más desde lo más profundo, era un gran regalo.

Viajamos en un viernes y Dios nos regaló un viaje maravilloso.

El día siguiente, un sábado espléndido, comenzamos nuestro primer día del encuentro con la Eucaristía y laudes junto con las hermanas y a continuación nos saludamos mutuamente. Después de unos minutos nos encontramos todas en la terraza que elegimos como el mejor lugar para nuestro encuentro, por la brisa del mar que corría por la mañana y a lo largo de todo el día.

Mary, una hermana Carmelita de Vedruna del Equipo Ruaj, experto en acompañamiento, fue nuestra facilitadora en este día, durante toda la mañana. Nos ayudó con una dinámica de conocimiento, dándonos la libertad de expresarnos y compartir desde dentro de nosotras mismas con tres palabras clave: nosotras, perdón y gracias.

Por la tarde fuimos a visitar la cueva del Tesoro. Fue un buen momento de fraternidad y de ponernos en contacto con la naturaleza dando gracias a Dios por su Obra tan perfecta y todas las maravillas de la creación.

El día siguiente, empezamos con la Eucaristía y laudes. Después tuvimos un tiempo por la mañana para volver a las fuentes saboreando nuestro origen humilde, sencillo y lleno de la luz de Dios. Fue un tiempo donde pudimos comprender con mayor profundidad las palabras de Madre María Eugenia cuando dice: “La Asunción es obra de Jesucristo”.

Apoyándonos en la experiencia espiritual de Madre Maria Eugenia trabajamos en tres grupos sobre estos temas:

  • la primera experiencia espiritual- la primera comunión-
  • la conversión – la vocación
  • la crisis que supuso para Madre María Eugenia y las primeras hermanas la marcha del P. Combalot.

Después de releer los textos en distintos grupos, cada uno debía organizar un teatrillo según la creatividad de cada una, para representarlo al resto de los grupos y a la comunidad, que también participó actualizando las intuiciones fundantes al hoy de la vida religiosa de la Asunción. Fue un momento agradable donde pudimos dar gracias a Dios por nuestra familia Asunción mirando al pasado, viviendo el presente y dejando el futuro en manos de Dios que como decía Mª Eugenia “nunca mano más amorosa puede guiar nuestro camino”.

Ese día, la comunidad de Pedregalejo nos invitó a comer, y para no perder la tarde, nos quedamos debajo de unas palmeras que nos regalaron su sombra. Tras un tiempo personal para trabajar nuestra experiencia personal fundante, las compartimos entre nosotras. Fue un tiempo muy rico donde hicimos la experiencia de estar pisando “tierra sagrada”.

Acabamos la jornada con Vísperas, cena de bocadillo que cada una había preparado, y un paseo por la playa de El Palo, con una parada obligatoria en Santa Gema para disfrutas de unos helados exquisitos. Felizmente y satisfechas de todo lo vivido, nos retiramos para descansar porque el día siguiente nos esperaba con otra jornada muy completa.

El tercer día del encuentro fue denso y divertido. Por la mañana nos dimos un tiempo personal de 30 minutos para releer la carta de Madre María Eugenia al padre Gros en la que da razones para seguir adelante con la fundación de la Asunción. Después de leer, redactamos una carta personal respondiendo a tres preguntas: ¿por qué nos fascina la Asunción? ¿qué aporta a nuestra vida? ¿qué aporta a la sociedad y a la iglesia? Luego tuvimos una larga mañana en la que compartimos nuestras cartas. La sorpresa fue que salieron textos muy buenos dirigidos a distintas autoridades presentes o pasadas, tanto políticas como eclesiásticas, también se escribió a Madre María Eugenia, a las hermanas, al mismo Gros… Algunas de estas cartas las iremos publicando en la web pensamos que pueden ser inspiradoras para las jóvenes de hoy, y para nosotras mismas.

Después de la pausa volvimos nuestra mirada a la Provincia contemplando su realidad y dando gracias a Dios por tanta vida entregada por nuestras hermanas de la provincia y constatamos las alegrías y las dificultades de cada una de ellas. Tuvimos un tiempo en el que leímos, personalmente, los trabajos realizados por las comunidades para las zonas, expuestos sobre las mesas, utilizando una dinámica con pegatinas de distintos colores que consistía en reaccionar según los sentimientos que nos habitaban después de la lectura. Seguimos con un tiempo de diálogo muy rico.

Terminamos la mañana con una comida fraterna en la que seguimos compartiendo.

La tarde la comenzamos con el oficio de lecturas, centrado en la carta al Padre Lacordaire que fuimos leyéndola intercalando antífonas y cantos compuestos desde ella. Retomamos el tema anterior que no llegamos a concluir.

Nuestro encuentro culminó con un bello momento, que fue como el resumen de lo que habíamos compartido en estos cuatro días y verdaderamente muy bonito y emocionante. A cada una se nos dieron dieciséis ladrillos en los que debíamos escribir qué no puede faltar en la Asunción que estamos llamadas a construir. Esa nueva realidad, tanto personal, como de la barca de la Asunción en la que navegamos todas y contamos todas; cada hermana con su singularidad, cada comunidad, y la Provincia en general.

Compartimos un momento de oración donde construimos juntando nuestros ladrillos, y sembrando juntas una semilla de tomillo como símbolo de nuestros deseos y trabajos que esperamos den su fruto en el momento oportuno como dice el salmo “A lo que sembramos dale crecimiento”. Ésta ha sido y será nuestra oración. Nos salió una buena construcción, constatamos una vez más que “estamos edificadas sobre Jesucristo”. La obra no es nuestra ni nunca será, sólo somos colaboradoras con Cristo para llevar a cabo esta misión que fue confiada a nuestras primeras hermanas y ahora nos toca seguir acogiéndola para continuar haciendo “de la tierra un lugar de gloria para nuestro Dios”.

Acabamos  nuestra construcción compartiendo, cada una,  una frase que nos ayudará a seguir soñando y caminando juntas como Provincia. Luego,  la despedida  fue en la playa, comiendo los famosos  pescaditos  malagueños y así terminamos nuestro cuatro día disfrutando juntas y llenas de gozo..

Agradecemos  al Señor  y a la Provincia la oportunidad que hemos tenido de compartir nuestras experiencias desde la sencillez. Ha sido renovadora, positiva, una experiencia muy enriquecedora para crecer, aprender, sentir y ser más consciente del encuentro con Jesús a través de la oración, con mi hermana y con  los demás a través del diálogo y el compartir  de las pequeñas y grandes cosas de nuestras vidas. Nos ha permitido reflexionar, compartir y profundizar en  nuestras relacines y tener en cuenta  lo que vivimos diariamente en nuestras comunidades y en la vida.

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