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Otra economía es posible, ¡¡tenemos que despertar!!

O eventMartes, 29 Noviembre 2022

Quisiera comenzar por la realidad mundial en la que estamos inmersos. La crisis social y económica que ha provocado la Pandemia por el COVI-19 tiene consecuencias profundas e irreversibles sobre todo para los países más vulnerables. Pueblos afectados en sus medios de subsistencia, dificultad de tener el pan de cada día en la mesa, de salud, de vacuna para todos, de educación. Ha quedado al desnudo y ahondado aún más, la desigualdad, que diría, es el mayor problema que tiene el mundo de hoy.

La Pandemia no es la única causa. Las guerras provocadas en varias partes de nuestra “casa común” Siria, Afganistán, Ucrania… Sufre la tierra, sufre la humanidad, el egoísmo de los que tienen y concentran el poder económico es desmedido. Ningún pueblo escapa a sus consecuencias es como la Pandemia, la guerra genera pobreza, hambre, desigualdad.

El Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti nos llama a la fraternidad y a la amistad social donde califica a la guerra como una amenaza constante. Y sostiene…Toda guerra deja al mundo peor que como lo había encontrado. La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal… Hace una llamada a la eliminación total de las armas y propone usar ese dinero para acabar de una vez con el hambre y mejorar la vida de los países más pobres.

En tiempos de crisis los gritos proféticos que anuncian vida para todos o que denuncian lo que daña la vida, suelen no ser escuchados o desacreditados.

Me pregunto: ¿estamos suficientemente despiertos o nos encontramos atrapados en un letargo provocado por el individualismo, el consumismo descontrolado; sumergidos en el culto del dinero; ciegos y paralizados para hacer el bien?

Todo ello nos impulsa a gritar despertemos: Ef.5, 14 “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.” Hay que escuchar el grito del Reino que nos llama a activarnos a los que nos decimos seguidores de Jesucristo.

Tenemos que estar lo suficientemente despiertos para incidir en nuestro entorno, no claudicar porque es posible trasformar la realidad teniendo nuestra Mirada puesta en Jesucristo y la extensión de su Reino.

Desde nuestra manera de ser Asunción tenemos la posibilidad de anunciar y asumir que Otra economía es posible. Una economía que promueva lo comunitario, la cooperación, el consumo responsable, el comercio justo, el bienestar de toda persona humana, el cuidado del medio ambiente.

Existen experiencias ricas de diferentes tipos de economía solidaria y social que tienen como premisa el cuidado de la vida en su integridad. En distintos países en donde nos encontramos están estas experiencias, pero tristemente en la mayoría de los casos asfixiadas por la economía dominante. Sin embargo no podemos bajar los brazos Otra economía es posible.

Estas experiencias nacieron de opciones concretas de varones y mujeres que redescubrieron el valor del bien común, del cuidado de la tierra, que tomaron consciencia de que solos no se puede tejer una red, se requiere reconocer al otro, que cualquier persona tiene capacidades y algo que aportar. Así se han creado organizaciones, que a pesar de sus fragilidades influyen activamente en la transformación social. Las distintas experiencias se originaron en momentos críticos, en sectores de marginalidad y en la cultura de los pueblos ancestrales basada en la reciprocidad y en el trabajo comunitario.

Vivir el Reino exige tener como meta la economía social y solidaria. Repito tenemos que despertar y empeñarnos en vivir de otra manera:

Pan de Escucha que se parte y reparte en diálogos, que alimente la esperanza. En tiempo de tanta incertidumbre, no dejar destruir nuestra esencia, nuestro ser, por ruidos y gritos sin sentido, que impiden distinguir los clamores, los llantos, las risas, el llamado del que está a nuestro lado.

Pan de Vínculos que se parten y reparten en fuertes tramas de gestos que alimentan el Alma. En tiempo de tanto egoísmo no dejar endurecer la hogaza de nuestro corazón, por durezas insignificantes que no aportan vida, que impiden sentir el latido, el calor, la solidaridad, que te brinda la mano tendida del que está a nuestro lado.

 

HNA Leonarda Hoeler

Ecónoma de la Provincia del Atlántico Sur

Original en español