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Sor Cécile Franquin, ecónoma general de las Religiosas de la Asunción

S eventSábado, 22 Enero 2022

 Sor Cécile Franquin, ecónoma general de las Religiosas de la Asunción

La hermana Cécile Franquin ha hecho voto de pobreza, mientras gestiona un presupuesto equivalente al de una gran empresa.

 Ha hecho voto de pobreza, pero detrás de su hábito hay una verdadera mujer de negocios. A sus 51 años, la hermana Cécile Franquin es ecónoma general de las Religiosas de la Asunción, tras haber enseñado matemáticas en Bruselas durante 16 años. Dejar a los alumnos del instituto fue un duro golpe para ella. Pero la religiosa aceptó poner sus conocimientos al servicio de las 1.150 hermanas de su Congregación, repartidas en 34 países. Esta belga adquirió su formación primero en el campo, como ecónoma de su provincia. "No tenía formación en economía. Un amigo me enseñó los principios básicos de la contabilidad", explica la hermana Cécile Franquin, que entonces descubrió el mundo de las inversiones financieras.

Esta iniciación la llevó en 2015 al Economato General, cargo que ocupa desde entonces. Es comparable al cargo de director administrativo y financiero de una gran empresa, con una gran diferencia: una Congregación no busca obtener beneficios. El objetivo del Ecónomo General es asegurar los ingresos de la Congregación mediante la gestión de sus bienes inmuebles y su capital, para que dentro de cincuenta años o más, la misión y la vida de las hermanas sigan estando aseguradas. "Mi trabajo es acompañar la reestructuración, ayudar al desarrollo cuando construimos una escuela en un país en crecimiento, y asegurar una forma de solidaridad entre las provincias para que experimentemos la comunión también a nivel económico", explica la hermana Cécile Franquin. Cada provincia abona el 1% de sus gastos del año anterior a un fondo común que financia las pensiones de las hermanas mayores de 65 años en los países donde no existe un sistema de pensiones.

¿Cómo concilia esta actividad con su voto de pobreza? Desde el punto de vista espiritual, "todos somos pobres ante Dios. Todo lo que tengo, todo lo que soy, viene de él", dice. En segundo lugar, como en cualquier familia, los asuntos de dinero deben tratarse con delicadeza. Cada religiosa tiene una relación diferente con el dinero según su historia, su cultura y, a veces, la mentalidad eclesial y económica de su país. En efecto, llevar una vida sencilla no se traduce de la misma manera en todas partes del mundo. "Las cuentas nos informan de la historia de nuestra vida. Hay que hacer que las cifras hablen por sí mismas", dice. Su tarea diaria es, por tanto, mantener las cuentas en orden, analizarlas, cuestionarlas para entender la realidad de cada provincia a la luz de este voto y hacer planes para el futuro.

Con la ayuda de asesores, la hermana Cécile Franquin también supervisa los fondos de algunas provincias, por ejemplo, los de África, consolidados con los de la Congregación. "Hoy en día, no se puede estar a cargo de los fondos sin preguntarse dónde y cómo se invierten. He aprendido a hacer las preguntas adecuadas a los gestores y a tener una política de inversión con directrices claras", afirma. Estas incluyen criterios medioambientales, sociales y de gobierno. "Como trabajo a muy largo plazo, duermo muy bien", dice. Su fuerza radica en su desprendimiento.

Lejos de tener sus ojos brillantes clavados en la bolsa, la hermana Cécile Franquin permanece orientada hacia Cristo, a quien ha entregado su vida. Aunque la pandemia frenó sus viajes, esta políglota viajó mucho para formar a sus hermanas en economía. Esta visión de 360 grados de la Congregación le permite elaborar proyectos al servicio de la misión que transmite al Consejo que rodea a la Superiora General. "Detrás de los bienes, del capital, siempre escucho esta pregunta: ¿corresponde esto a nuestras necesidades para la misión y para nuestra vida? ¿O sólo estamos acumulando capital? »

 

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