Cada año el 29 de junio la Iglesia celebra a San Pedro y a San Pablo, pero, ¿te has preguntado por qué se celebran a estos dos santos juntos? Ambos son considerados pilares y cimientos de la Iglesia y cada uno, desde su misión especial, ayudó a que el Evangelio de Jesús se difundiera por el mundo y se constituyera la Iglesia como cuerpo de Cristo, presente en todos los rincones del mundo.
Pedro era un humilde pescador que escuchando a su hermano Andrés hablar de Jesús le sigue, y pasó de ser un simple pescador a ser pescador de hombres, apóstol de Jesús y líder de la Iglesia naciente. Pablo, al contrario, era fariseo, hijo de fariseos, estudioso de la ley y celoso de que esta se cumpliera pasó de ser perseguidor a evangelizador de los gentiles. Ambos tuvieron un encuentro personal con Jesús, ambos fueron llamados, ambos recibieron la misión y cada uno respondió a su misión desde lo que era.
A Pedro le podemos conocer por distintos aspectos, por ejemplo, le conocemos como el primer Papa de la Iglesia, el mismo Jesús le dio la misión de cuidar las ovejas de su rebaño (Jn 21, 15-17) y colocó como líder para su Iglesia, dejando en sus manos las llaves del Reino (Mt. 16, 18-19), también podemos recordarle por ser el que negó a Jesús, pero que no se quedó en la negación, sino que, dejándose ver con ternura por Jesús (Lc 22, 54-62), tiene una conversión que le compromete a amar más, lo que nos lleva también a recordarle por la triple confesión de amor a su maestro.
A Pablo podemos recordarle por ser el perseguidor de los cristianos, testigo de la lapidación de Esteban (Hch 7. 58), quien tras su conversión camino a Damasco sé transformó en evangelizador de los gentiles (Hch. 9, 1-18). Es él quien recibe la misión de llevar el Evangelio a las naciones paganas, y movidos por el celo misionero soportó distintas clases de persecuciones y castigos con tal de anunciar el mensaje a judios y griegos.
Viendo la vida de estos dos apóstoles podemos ver que Jesús llama a los que quiere y los llama con sus dones diferentes para construir el Reino. Pedro recibió la misión de ser pescador de hombres, de no abandonar el rebaño de Jesús y de pastorear la Iglesia, Pablo recibe la misión de predicar, de anunciar la Buena noticia a las naciones paganas, Pedro se dedica en un primer momento a predicar a los judíos, Pablo se lanza a anunciar a Cristo a los gentiles, ambos son animados por el mismo Espíritu, y este mismo Espíritu es quien sigue animando hoy nuestra Iglesia y misión. Ambos apóstoles nos enseñan una cosa importante: escuchar a Jesús cuando nos llama y estar dispuestos a dejar lo que somos, incluyendo nuestras comodidades, para dejarnos transformar por su Espíritu.
Es en la primera carta a los Corintios que san Pablo presenta una de las imágenes más conocidas de la Iglesia: la Iglesia como Cuerpo de Cristo, dice: porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo (1 Co, 12, 12). Esta analogía de Iglesia como cuerpo nos permite contemplar la pluralidad y diversidad a la que la Iglesia está invitada a vivir.
Cada miembro es importante dentro de la Iglesia, y cada uno de nosotros desde nuestro bautizo formamos parte de la Iglesia, la enriquecemos con nuestros dones y estamos llamados a ofrecerlos para extender el Reino desde el don que cada uno posee.
A la luz de esta fiesta podemos hacernos varias preguntas:
En esta fecha que celebramos a dos de los pilares de nuestra Iglesia, recordemos el amor que Santa María Eugenia tenía a la Iglesia y nos invitaba a cultivar también orando por el Papa, sucesor de Pedro, y por la Iglesia universal y renovemos nuestro compromiso bautismal de hacer visible el Reino de Dios ahí donde se teje nuestra vida cotidiana.