El Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica ha dirigido un fuerte y luminoso mensaje a todas las personas consagradas del mundo. Desde las periferias marcadas por la violencia, la pobreza, la migración o la soledad, hasta los contextos de bienestar que esconden nuevas fragilidades, esta carta reconoce y agradece una vida consagrada que no huye, sino que permanece. No como resignación, sino como profecía viva, semilla de paz y esperanza activa allí donde la fe es puesta a prueba. Un texto profundo y actual que interpela, consuela y devuelve sentido a la misión hoy.
Leer el mensaje: ESP_30_Jornada_de_la_vida_consagrada.pdf