En la Iglesia, profundamente unida a Cristo, vivamos la Semana Santa con María Eugenia.
Cada año la Iglesia nos ofrece un tiempo fuerte para prepararnos a entrar en la alegría de la Pascua. Este tiempo de Cuaresma es un momento precioso en el que unimos nuestra vida a la del Cristo Redentor. Este año el Papa León XIV nos invita a practicar con fervor tres actitudes esenciales: «Escuchar, desarmar nuestras palabras y rezar más». Durante la Semana Santa pongámoslas en práctica de manera sencilla y arraigada en nuestra vida cotidiana.
Escuchar la Palabra de Dios, dejarnos impregnar e interpelar por cada gesto y cada Palabra de Jesús. Estar atentos al clamor de los miembros que sufren. Para ello, el Silencio es un medio muy eficaz.
Desarmar nuestras palabras, acostumbrándonos a hablar con delicadeza y sencillez, como decía María Eugenia: «palabra sobria». [1]
Rezar es entrar en una relación íntima con el Cristo sufriente. Es una manifestación de amor. María Eugenia afirma: «no hay motivo más poderoso de amor ardiente hacia nuestro Señor que pensar en el que nos mostró al morir por nosotros en la Cruz» [2]. Durante estos días santos, fijemos nuestra mirada en Jesucristo. Con María Eugenia pidamos al Señor el don de la oración continua.
Durante este tiempo de Cuaresma, especialmente en esta Semana Santa, estamos llamados a vivir la METANOIA. Esta se vive de dos maneras interdependientes: La conversión vertical mediante el sacramento de la reconciliación, por el cual Jesús nos sana y ejerce sobre nosotros su misericordia insondable. La conversión horizontal, es decir, la reconciliación entre nosotros y con la creación. El perdón recibido y ofrecido fortalece nuestra relación y nos conduce a la manifestación del verdadero amor. Sentimos que no es fácil conceder el perdón a la persona con la que tenemos dificultades, pero es una gracia. Esto nos pide humildad, sencillez y olvido de sí mismos a imitación de Jesucristo misericordioso. Tengamos una mirada nueva cada mañana y pidamos al Señor un corazón y un espíritu nuevos. Si podemos experimentar esto, estaremos muy felices de celebrar la Pascua de Cristo, resucitando con Él.
Durante esta Semana Santa, pongámonos en la escuela de la comunión. El Jueves Santo, el lavatorio de los pies nos recuerda que servir es un acto de amor, y la Eucaristía nos une a Cristo y nos vincula unos con otros en un solo cuerpo. El Viernes Santo, por su Cruz, Cristo nos une al Padre y entre nosotros. El sábado santo, hagamos silencio en la espera, con María nuestra Madre. La vigilia pascual nos abre a la alegría de la Resurrección de nuestro Señor. Estamos invitados a impregnarnos de su corazón manifestándole un amor ardiente. Al dejarnos amar, nos volvemos capaces de amarnos unos a otros sin exclusión.
En esta Semana Santa, unamos nuestras oraciones y nuestros corazones; oremos especialmente por la paz en el mundo y por los pueblos que sufren la guerra. Con alegría y esperanza, caminemos juntos hacia la Pascua.
Sr Joeline RASOANANDRASANA
Provincia de Madagascar
[1] Instrucción del Capítulo del 16 de febrero de 1879 (el silencio)
[2] Instrucción de capítulo 12 de marzo de 1876 (l