local_offer Espiritualidad

Primera comunión: huella imborrable

P eventDomingo, 08 Noviembre 2026

La gracia de María Eugenia

Muchos de los que formamos parte de la familia Asunción hemos escuchado el relato de la primera comunión de santa María Eugenia: en la Navidad de 1829, Ana Eugenia Milleret hace su primera comunión en la iglesia de Sainte-Ségolène de Metz; acercarse a este sacramento no respondía a una familia que desde la fe procurara el sacramento, sino desde el convencionalismo social.

En el momento de comulgar siente “una separación silenciosa de todo aquello con lo que tenía hasta entonces algún vínculo, para entrar, sola, en la inmensidad de Aquel que ella poseía por primera vez… en el instante que recibí a Jesucristo, fue como si todo lo que había visto en la tierra, incluso mi madre, no fuera más que una sombra pasajera…”. Escuchó claramente una voz en su corazón: “Perderás a tu madre, pero yo seré para ti más que una madre. Llegará un día en que dejarás todo lo que amas para glorificarme y servir a esta Iglesia que no conoces” (citado en María Eugenia Milleret, fundadora de las religiosas de la Asunción, Hna. Hélène Marie, 1992).

Santa María Eugenia hará referencia posteriormente a este momento como “la gracia fundamental de la que se derivó todo lo demás” (Ibid., María Eugenia Milleret). “Por la elección misteriosa y procedente de Dios, el corazón de Ana Eugenia se trasplanta en el de Cristo Jesús para siempre en su misterio eucarístico” (Ibid., María Eugenia Milleret).

Son sentimientos encontrados los que nos despierta este relato. Por un lado, nos despierta sorpresa y emoción profunda; por otro, una sensación de que este tipo de experiencia es sólo para unos pocos y que por ello no nos implica.

Mi primera comunión

¿Qué recuerdo tengo yo de mi primera comunión? Que me ganó la risa al entrar a la iglesia porque me sentí nerviosa y cansada. No había dormido bien porque me pusieron en el cabello unos “tubos” para que se formaran caireles en mi cabello lacio; mi hermana tampoco descansó. Mi hermano iba vestido de charro (el traje tradicional mexicano) porque eso se acostumbraba. Yo tenía apenas 6 años.

Pasaron muchos años antes de descubrir el pleno significado de la Eucaristía y la alianza que voluntariamente quiero renovar cada vez que comulgo. Las primeras comuniones de mis hijos fueron a edades más adecuadas y tratamos, mi esposo y yo, de que tuvieran una preparación significativa y no sólo por cumplir con el “trámite eclesiástico y social”.

Soy testigo de la preparación que se les da a nuestros alumnos en nuestro colegio, Instituto Asunción de México, para este sacramento y en verdad me admira. Definitivamente el compromiso del grupo de catequistas, su vocación para lograr que los alumnos y sus familias en verdad dimensionen el enorme regalo que es la Eucaristía me hace desear que mis hijos hubieran recibido esta preparación.

Prepararse para el encuentro

Es un camino de descubrimiento del inmenso amor de Dios, de que Su alianza es permanente y que Él nunca se aleja de nuestro lado. Es un compromiso familiar pues sólo la congruencia entre la preparación que recibe el alumno y la vivencia en familia puede hacer vida el sacramento.

En cada comunión renovamos nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra alegría, nuestra promesa para construir Reino todos los días. Cada comunión es la oportunidad de corroborar que “Dios es amor” (1 Juan 4, 8). “Dios no sabe, no quiere y no puede hacer otra cosa que amar… Quien ama a Dios y se sabe amado por Él con amor infinito aprende a mirarse, estimarse y cuidarse con verdadero amor… Quien ama a Dios sabe que no puede vivir con una actitud de indiferencia, despreocupación u olvido de los demás. La única postura humana ante cualquier persona que encontremos en la vida es amarla” (El amor lo es todo, Pbro. José Antonio Pagola, 2026).

Probablemente, si nos damos la oportunidad de vivir cada comunión como el encuentro de Amor que es, dejemos de pensar en la experiencia de María Eugenia como algo exclusivamente místico e inalcanzable y, cada vez que comulguemos, lo vivamos como una experiencia de renovación de una Alianza de Amor indestructible y como el día en que el Reino llama a la puerta.

 

¿Qué recuerdas tú de tu primera comunión? ¿Cómo vives hoy cada encuentro con Él?

 

Lourdes Canales

Coordinadora de Vinculación Institucional

Responsable de EnREDaLA (Red Latinoamericana de Escuelas Asunción)