El drama del que tiene que dejar su país forzado por las circunstancias de todo tipo, no es un simple fenómeno estadístico o de debate político, es eso: un DRAMA, que toca el corazón del evangelio y llega, en lo cotidiano, al corazón, la vida y a toda la persona de los que estamos al lado del que se desplaza. ¡La "mochila" que trae, es demasiado pesada! conmueve y anima al asombro, a la conversión personal y social y a la com-pasión. ¡ES MI HERMANO!
Jesús lo dice " Fui extranjero y me acogísteis" Mt. 25, 35 y San Agustín, haciéndose eco de este evangelio y en su obra la ciudad de Dios, destaca la importancia de la acogida y protección de los refugiados en las basílicas durante el saqueo de Roma por Alarico. Para él, el extranjero, ES el mismo Jesucristo.
En la Asunción, el centro de nuestra misión es la PERSONA, la defensa de su dignidad y derechos pasan por encima de todo. El migrante, el desplazado, el que busca asilo y refugio en nuestra tierra, para tener una vida mejor para él y su familia, es prioritario y una de las nuevas periferias que llevamos en el corazón como familia de la Asunción y personas, laicos y religiosas, seguidoras de Jesús. ¡Duele el corazón e indigna la injusticia y nos empuja al compromiso personal y la denuncia!
Aunque parezca una utopía, la existencia de fronteras, nunca estuvo en el proyecto de Dios que nos dio la tierra para que la habitáramos todos los seres humanos en armonía entre nosotros y con la creación, pero el mapa del mundo actual está plagado de fronteras que, no solo dividen territorios, sino que desgarran vidas. Detrás de cada persona que solicita refugio, hay un rastro de heridas profundas: la violencia del país de origen, el duelo de la separación, los peligros de rutas clandestinas y altamente peligrosas, como la ruta canaria o atlántica y, con demasiada frecuencia, la frialdad de los muros burocráticos, los prejuicios raciales y de todo tipo y el rechazo en los países de destino. ¡Cuántas veces la vida y el rostro concretos de Al Hassane y su hijito Ismael, Yaya, Bakary, Babakar, Fatty, Moussa y tantos otros que ya llevan aquí más tiempo y son de Venezuela, Cuba, Filipinas, nos vienen a la mente, el corazón y la oración después de estar con ellos, escucharles y tratar de acompañarlos en su aprendizaje del español o de celebrar con ellos la Eucaristía o una fiesta! Pero las barreras, como en una carrera de obstáculos, nos aguijonean a ellos y a nosotras y nos empujan a la superación para conseguir sus objetivos: una VIDA MEJOR.
¡La esperanza y la certeza de que el Espíritu de Jesús empuja el carro, nos mueve, aunque solo sea con el granito de arena que ellos y nosotras aportamos para llegar a ser un NOSOTROS!
En este sentido, la hospitalidad no es algo unidireccional: el que tiene recursos ayuda al que no tiene nada. La auténtica hospitalidad es un espacio de encuentro y escucha recíproca que transforma a ambas partes. Es una misión que construye la "CULTURA DEL ENCUENTRO": Cuando abro mi corazón, mi mente, mis puertas, experimento un milagro: el de la CONVERSIÓN, mi mundo se amplia, se enriquece, se libera de prejuicios, ensancho el espacio de mi tienda, como dice Isaías 54,2 y mi vida poco a poco se va transformando, haciéndose más inclusiva, más cercana a Jesús, el hermano universal y el otro, el que llega, al sentirse escuchado, apoyado, puede sanar sus heridas, sentirse parte de, pertenecer, y ser protagonista de su propia vida.
JUNTOS vamos construyendo ese NOSOTROS que Dios, en su proyecto, sueña para todos nosotros, sus criaturas e hijos y para el mundo.
Magdalena Morales Valverde RA Comunidad de Santa Cruz de Tenerife CANARIAS - España