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Thérèse Emmanuel, el testimonio de una vida mística que sigue fecundando nuestra congregación hoy

T eventMartes, 05 Mayo 2026

Thérèse Emmanuel, nacida como Catherine O’Neill, fue una niña dotada de gracias especiales de Dios. Huérfana de madre desde los 7 años, ingresa (junto a su hermana Mariana) al internado de las Damas inglesas de York y luego al de las Religiosas del Santo Sepulcro de New Hall, ahí Catherine gusta de la belleza de las ceremonias litúrgicas, germen del amor y gusto al santo Oficio que más adelante aportará a la Congregación.

Mujer de alma ardiente y decidida, bella y orgullosa, con convicciones propias, libre e independiente. Entra a la naciente congregación y toma el nombre de Thérèse Emmanuel. A su llegada las hermanas la describen como algo fría y rígida, aunque amante de la poesía, amaba danzar. Seducida por Dios, abraza su presencia y se une en un camino íntimo a Jesucristo, el amor que la vence, y ella -desde su libertad y convicción- se deja seducir y conducir por Él.

Desde los comienzos de la congregación, santa María Eugenia describe a M. Thérèse Emmanuel como una mujer “íntimamente asumida por la presencia de Dios”, y en la navidad de 1840 ella pide a Dios la gracia de renacer a una vida nueva. Dios, oyendo su plegaria, le concede una unión mística que irá acrecentándose a lo largo de su vida religiosa, esa noche ella escribe:

mi alma… un estado desierto que no opone ninguna barrera a los vientos del cielo… un pesebre donde comienza un nuevo ser. Efectivamente, Dios ha comenzado su obra maravillosa para cumplir su plan en su creatura: sé Emmanuel, sé Emmanuel. Sé presencia mía en medio de tu pueblo[1].

En 1842 es nombrada Maestra de novicias, misión a la que se dedicará durante toda su vida formando en la espiritualidad, virtudes y valores de la congregación a las primeras Religiosas de la Asunción. Santa María Eugenia, su amiga y compañera, la describe como un alma soberanamente elevada por encima de las bajezas y pequeñeces… con humildad y rectitud[2], la madre Marie Célestine la describe como alguien que guardaba celosamente escondidos los tesoros de gracia comunicados a su alma por el Esposo de las Vírgenes[3], y Monseñor Charles Louis Gay, en la eucaristía celebrada al mes del fallecimiento de Thérèse Emmanuel, la describe como una religiosa perfecta ante los ojos de Dios, absolutamente libre y pura, con los pies en la tierra que vivió la divisa de la Asunción del Sólo Dios[4].

Los testimonios de las personas que conocieron y convivieron con M. Thérèse Emmanuel coinciden en que fue una mujer totalmente entregada a Dios, que supo abrazar el proyecto de Dios para su vida, que supo amar a Jesús y con su ejemplo y coherencia condujo a las hermanas a que, como decía Santa María Eugenia, la mirada estuviera toda en Jesucristo y en la extensión de su reino.

Pero el testimonio de ella misma, recopilado en sus coloquios, nos demuestran un camino de maduración en la fe, nos muestran a una mujer obediente a la voluntad de Dios que supo vivir desde la alegría que venía de su adhesión a Jesús, una alegría divina que supo transmitir a las primeras hermanas y que se sigue haciendo presente en cada religiosa que camina a la luz de Cristo.

En el coloquio de la navidad de 1942, Thérèse Emmanuel se siente sobrecogida por el Verbo de Dios, y se confirma la invitación de reproducir en su vida los misterios de la vida de Cristo. Una vez más siente que debe morir a sí misma para vivir unida a Cristo y realizar por la gracia las obras de amor del mismo Jesús, así ella escucha en su interior las siguientes palabras: sé Emmanuel, sé Emmanuel más de lo que has sido. Soy yo quien te ha llamado Emmanuel; te he llamado con mi propio nombre, porque quiero ser en ti[5].

En Julio de 1864, Thérèse Emmanuel recibe una confirmación sobre el carácter distintivo de la Asunción, envuelta en la oración, que la lleva a elevarse hacia Dios, escucha de Jesús las siguientes palabras:

Quiero que el carácter distintivo sea el espíritu sobrenatural, el espíritu de fe, pues es el espíritu de fe el que hace ver las cosas a la luz de Dios. Y brotará de una gran fe, una fe ardiente… Yo las he escogido para que vayan y den fruto, esta obra que establezco debe tener un lado apostólico y debe dirigirla un espíritu apostólico como a los apóstoles. Ellos recurrieron a la oración, el Santísimo expuesto en medio de ustedes debe ser el centro donde tus hermanas recurrirán[6].

El 20 de enero de 1868, Thérèse Emmanuel le pregunta a Jesús ¿cuál será el espíritu de nuestra Asunción? y Él responde:

Si ustedes quieren ser verdaderas asuncionistas, hace falta contemplar a Dios, elevándose por encima de todas las cosas de la tierra, despojándose como la nada para entrar en la alegría del Señor, como lo hace mi madre en este misterio de la Asunción… Camina a la luz de mi rostro que brilla sobre ti, consuélame y ríndeme por la vida que te doy, mil servicios y todo tu amor[7].

Un año antes, en 1867, recibía la consigna de una asuncionista: ¡Sólo Dios!, y en 1874 Jesús le dice que la vocación de una asuncionista es ser tomada por él estrechamente y vivir unida a su persona por una gracia que imita su encarnación, bajo la luz de su verdad[8].

Estos coloquios no sólo muestran un camino de intimidad entre Dios y su criatura, sino que en ellos podemos descubrir una relación de equilibrio entre la acción y la contemplación de nuestra congregación. Es un rasgo distintivo de la Asunción la adoración como un medio que posibilita la unión íntima con Jesús que nos acoge y escucha, un momento donde presentamos a nuestro Señor las realidades de nuestro mundo y donde sentimos que nos llenamos de nuevo para continuar extendiendo el reino. Somos contemplativas en la acción, y nuestra acción sólo se sostiene desde la contemplación.

La vida de Thérèse Emmanuel fue vivida como una asunción de parte de Dios, una mujer que se dejó asumir por Dios. Vivió unida a Dios, por Dios, desde Dios y para Dios, supo elevarse por encima de las cosas terrenas para ser Emmanuel. Su vida y su entrega fecundaron la Congregación desde sus inicios y la siguen fecundando hoy.

Sus instrucciones siguen vigentes para nuestra Asunción en todas las partes del mundo donde estamos presentes: debemos también vivir unidas a Dios, cultivar el espíritu de fe, vivir desde la alegría que sólo viene de Jesucristo y ser su rostro en medio de las realidades de nuestro mundo hoy. Esta invitación que estaba reservada para las novicias, se extiende hoy a toda persona que forma parte de nuestra Asunción: alumnos, exalumnos, maestros, amigos, laicos comprometidos.

Todos estamos llamados a vivir el espíritu de la Asunción, a vivir una unión con Jesucristo que nos haga agentes de transformación en nuestra sociedad, a encarnar a Dios en medio de las realidades que vivimos, a reflejar el rostro de un Dios que acoge y ama. Acojamos la invitación que Dios le hace a mère Thérèse Emmanuel y seamos también nosotros testimonio legible de un Dios que camina con su pueblo.

Eliette Quintero

Provincia de America Central y Cuba

 

Biografía

Coloquios entre Jesús y Mére Thérèse Emmanuel. Bicentenario del nacimiento de María Eugenia y Teresa Emmanuel. Provincia de Centroamérica y Cuba. 2016. Folleto

Salinas L. & Pacas V. Un legado por descubrir. Acercamiento a la persona de Madre Thérèse Emmanuel. Provincia de Centroamérica y Cuba. 2016. Folleto

[1] Un legado por descubrir. Acercamiento a la persona de Madre Thérèse Emmanuel. Religiosas de la Asunción-Provincia de Centroamérica y Cuba. p. 7 [2] Ibíd., p. 10 [3] Ibíd., p. 11 [4] Ibíd., p. 14 [5] Coloquios entre Jesús y Mère Thérèse Emmanuel. Sobre vivir la propia vida de Jesús. Navidad de 1842 [6] Coloquios entre Jesús y Mère Thérèse Emmanuel. Sobre el carácter distintivo de la Asunción. 13 de julio de 1864 [7] Coloquios entre Jesús y Mère Thérèse Emmanuel. Sobre la palabra de nuestra Asunción. 20 de enero de 1868 [8] Coloquios entre Jesús y Mère Thérèse Emmanuel. Sobre la vocación de una Religiosa de la Asunción. 7 de marzo de 1873