Ser santos hoy desde la espiritualidad de la Asunción
Cada año, la Iglesia nos invita a pararnos dos días seguidos: Todos los Santos, el 1 de noviembre, y la conmemoración de los Fieles Difuntos, el 2. María Eugenia de Jesús veía en estos días una llamada a preguntarnos qué esperamos, hacia dónde caminamos y qué deseamos de verdad.
Para María Eugenia, los bienes del cielo son la meta hacia la que se orienta toda la vida. Aceptar con fe el sacrificio de cada jornada (el cansancio al final del día, la paciencia en la cena con los hijos, un encargo que no hemos elegido) va preparando, en silencio, nuestra felicidad eterna. Así, el horizonte se amplía sin abandonar la tierra: el cielo da sentido a lo cotidiano y lo cotidiano se convierte en camino hacia el cielo.
El papa Francisco, en la exhortación Gaudete et exsultate, recuerda que la llamada a la santidad es universal y que el Espíritu Santo la derrama en todo el pueblo fiel de Dios. Los santos de la puerta de al lado son madres y padres que sostienen un hogar, trabajadores que cumplen con honradez, enfermos que ofrecen su dolor, religiosas mayores que siguen sonriendo. El Papa los llama «la clase media de la santidad»: quizá no ocupen las páginas de los libros de historia, pero sostienen la vida de la Iglesia día a día.
La espiritualidad de la Asunción tiene su raíz en Cristo y en el misterio de la Encarnación, en un Dios que se hace cercano en lo humano y lo concreto. De ahí nace una síntesis entre contemplación y apostolado: se ora para vivir mejor y se vive para anunciar el Evangelio. Ambas dimensiones se encuentran en lo ordinario: en la mesa, en el aula, en el trabajo, en la comunidad y en la oración compartida.
Te proponemos un pequeño itinerario para vivir estos días con sentido:
Almudena de la Torre
Equipo de Comunicación