Ya estamos empezando a prepararnos para celebrar un cumpleaños. Para nosotros que somos Iglesia, es el aniversario de “Alguien” decisivo en nuestra vida. Alguien que terminó sus días compareciendo en menos de 24 horas ante cuatro tribunales, afirmándose ante ellos como verdadero Hombre (ante Anás, Jn18,20-23), como verdadero Dios (ante Caifás, Mt26,63-64), como Rey supremo (ante Pilato, Jn18,33-37), como Silencio ante un tribunal corrupto (ante Herodes, Lc23,6-9). Y acabó siendo condenado a la muerte más ignominiosa: la cruz. Y enterrado.
Para sorpresa y desconcierto de todos y alegría o confusión de unos u otros, en el 3er día resucitó, cumpliendo su promesa y se constituyó en nuestra esperanza definitiva…”Cristo Jesús nuestra esperanza”. (1Tm1,1).
Este niño que, 30 años después, presentaba su misión en Nazaret, su propio pueblo, como un mensaje de esperanza para todo sufriente, citando sobre Él mismo la profecía de Isaías (61,1): “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc4,18-19). Y añadió: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acabáis de oír” (v.21). Esto fue lo que realizó sin descanso durante sus tres años de ministerio público.
Y ahora estamos “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.” (Tt2,13).
Pero todo empezó con el nacimiento de un niño. Ese niño era el primero, el primogénito y, como en todas las familias, se le esperaba con alegría y esmero aunque acabó naciendo pobre entre los pobres (Lc2,7).
El pequeño resto de Israel lo esperaba (Lc2,25.38) con los pobres que lo aceptan de inmediato (Lc2,8-18), porque “el pobre puede convertirse en testigo de una esperanza fuerte y fiable“ (León XIV, Jornada Mundial de los Pobres, 2025). Y esta esperanza era aquel recién nacido.
Hoy todavía seguimos “aguardando”… “Verán al Hijo del Hombre venir…” (Mc13,26).
Y ¿qué actitudes se exigen del que aguarda? Ante todo que crea en lo que está haciendo; que sea fiel al Dueño de la casa a quien espera; que esté despierto, preparado, alerta para recibirle cuando llegue (cf. Lc12,35-40).
Vigilar, vivir despiertos, abrir la mirada hacia el interior, y estar atentos al que habita nuestro corazón. “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn14,23).
Pero, “el que no ama a su hermano a quien ve, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ve?” (1Jn4,20). Tendré que tener también los ojos abiertos a la realidad que me rodea, al hermano que veo y al que tendría que mirar con más atención; al que está lejos y del que todos los días oigo -¿escuchando?- noticias a veces desgarradoras…
Tenemos que insistir: el cristiano no puede encerrarse en su propio bienestar espiritual. Tenemos que acercarnos al que está a nuestro lado sin pasar de largo, y “tocar la carne sufriente de Cristo” (Papa Francisco, EG 24; retomado por León XIV, Dilexi Te). Y transmitir esperanza. “El Espíritu que habita en nosotros” (Rm5,5) nos dará la creatividad necesaria para encontrar el gesto concreto. ¡Pidámoselo!
¿Cuál podría ser la pequeña tarea que nos permitiría transmitir esperanza durante este Adviento?
Leer o releer los primeros capítulos del Evangelio según San Lucas. O, si tenemos más tiempo, adentrarnos en la Exhortación Dilexi Te del papa León.
O bien, un día en que nos encontremos en baja forma, escuchar “Noche” de Hakuna. Interceder por cada una de esas situaciones y transmitirle esperanza con nuestra oración.
Quizá cuando la canción te recuerde a la madre que va dar a luz, te evoque a María que tuvo que hacerlo en lo que llamamos púdicamente “portal” “y recostó a su Hijo en un pesebre, porque no había sitio para ellos en el albergue” (Lc2,7).
Y SALIR. Porque al salir, seguramente encontraremos a alguien que necesite nuestra escucha, nuestra ayuda, nuestra comprensión, sencillamente, algo de nuestro tiempo, y ¡tengamos la magnífica ocasión de transmitirle nuestra ESPERANZA!
Hª Maria Magdalena Castro
Collado Mediano, 25/11/2025