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Capítulo -Navidad 2020

C eventJueves, 21 Enero 2021

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Muy queridas Hermanas y Amigos/as:

¡Os deseo una feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de bendiciones!

La Navidad tiene un significado especial en este año en el que todavía vagamos como a tientas, en la oscuridad de la pandemia del Covid 19. Necesitamos descansar de los confinamientos. Se ha acabado el tiempo de la espera. Ha llegado el momento de celebrar la Navidad, de celebrar la presencia amorosa de Dios con nosotros – ENMMANUEL.  Todo el misterio de la Encarnación reside en que la PALABRA eterna de Dios, se hace carne en la persona de Jesús y viene a habitar entre nosotros.  El cuarto Evangelio lo describe como un camino de luz: “la luz verdadera, que alumbra a todos, estaba viniendo al mundo” (Jn.1,9). La Navidad pues, recuerda la peregrinación que Dios recorre para venir a habitar entre nosotros y su sucesiva presencia vivificante que camina con nosotros en Jesús, la LUZ que ilumina a todo ser humano. En la teología Joánica, la luz simboliza el despertar espiritual concedido a los creyentes, que son invitados a convertirse también en HIJOS DE LA LUZ. Para San Pablo, “el fruto de la luz se encuentra en todo lo bueno, recto y verdadero (Ef.5,9) La presencia de Dios entre nosotros es luz para nuestro camino aquí y ahora – una luz que nos ilumina; nos cura; nos transforma y nos permite llegar a ser hijos de la luz. Iluminados por la luz de la vida, favorezcamos lo que es bueno, recto y verdadero independientemente de la situación en la que nos encontremos.

Las narraciones de la infancia nos dicen que Jesús nació como un niño sin hogar, en una tierra sometida (Lc.2,1-6) José y María temieron por la vida del Niño Jesús y tuvieron que huir a Egipto para conseguir un hogar más seguro para el recién nacido (Mt.2,13-15). Los padres de Jesús compartieron la ansiedad, la situación dramática y la experiencia de hostilidad de toda FAMILIA MIGRANTE todos los que se ven obligados a huir de su tierra natal por persecuciones, hambres o guerras. Gustavo Gutiérrez lo dice preciosamente: “el Dios que se encarna en Jesús, es el Dios escondido del que nos hablan los profetas. Jesús se muestra como tal en la medida en que está presente en los ausentes, en la gente anónima de la historia, en los que no la controlan, es decir los poderosos, los socialmente aceptables “los sabios y entendidos” (Mat.11,25)[1]. El niño Jesús se identifica con aquellos que experimentan el miedo a la muerte, con los que se enfrentan a desplazamientos inhumanos, con los que sufren humillaciones, alienación e indiferencia. Este año la Navidad nos invita a crear un lugar especial en nuestros corazones para las personas invisibles que sufren. En el contexto de la pandemia, no podemos dejar de pensar en la inseguridad, la incertidumbre y el miedo que experimentamos todos. Jesús nos llama a recorrer un itinerario desde nuestros miedos e incertidumbres a la esperanza reconfortante de la presencia sanadora de Dios entre nosotros.

NAVIDAD HOY

Hermanas y amigos/as, hagamos más significativa la Navidad este año celebrando nuestra identidad de hijos de la luz en el corazón de la crisis actual.  ¡Que podamos llegar a ser signos de esperanza para los que sufren en los márgenes o en las periferias! ¡Que las experiencias de la pandemia del Covid 19 sean guía y luz para nuestro caminar futuro!

El don de Navidad -Emmanuel- afirma la intervención continua de Dios en la historia humana y celebra la presencia constante de Jesús, Palabra eterna y Luz verdadera que nos ilumina dándonos la capacidad de llegar a ser hijos de la luz, hijos de Dios.  La luz de Jesús nos permite vencer los contratiempos, decepciones y temores de la pandemia y nos hace superar nuestras experiencias pasadas. Dejemos que la gracia de Cristo nos cure y transforme nuestra falta de perdón, nuestras envidas, perezas y egoísmos. Sí, se nos invita a ser SIGNOS DE ESPERANZA para quienes viven en las tinieblas de la inseguridad de estos tiempos tan complicados. Que nuestras celebraciones en este año nos ayuden a reducir nuestros egoísmos y a crecer en el amor y respeto propios que nos llevan a vivir unos para otros, especialmente para aquellos que están en las periferias y que necesitan nuestra cordialidad y generosidad en estos momentos difíciles.  Que lleguemos a ser mutuamente la presencia consoladora de Dios a través de nuestra mirada positiva, de nuestras palabras alentadoras y de nuestros actos compasivos.  Que en nuestra vida diaria hagamos esfuerzos decisivos y tomemos opciones adecuadas para sostener la integridad de la creación, morada de Dios y “casa común” de la humanidad. Esta es una manera significativa de responder a la llamada de nuestros tiempos y de celebrar la Navidad del año 2020.

A medida que se acerca el año nuevo, ¿nos sentimos preparados para emprender una NUEVA TRAVESÍA en búsqueda de algo diferente? El planteamiento bíblico siempre orienta hacia un futuro desconocido preparado por Dios.  Sabemos que las pruebas del presente serán bendiciones para el mundo futuro. La pandemia nos ha invitado a emprender un camino nuevo, confiando en que un nuevo comienzo es posible y creyendo que ahora este nuevo comienzo es esencial.  Esta es la llamada actual. Unámonos a la voz del Profeta Isaías: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande” (Is.9,2) Frente a toda la angustia y la ansiedad de los últimos diez meses de pandemia, hemos visto el heroísmo de nuestro personal de salud; el servicio y la generosidad de nuestros vecinos; el trabajo incansable de los científicos para desarrollar vacunas adecuadas; los esfuerzos de los gobiernos para ponerlas al alcance del mayor número de gente posible. Nos ha impresionado el alto grado de compromiso de tantas personas.  Nos dejan con la esperanza de que hay algo más reservado para nosotros que la impotencia, la fragmentación y el pánico de la pandemia que amenazan con destruir la vida cotidiana, el bienestar y la seguridad económica. Tantas vidas son testimonio de que Dios camina con nosotros, reanimando nuestra humanidad y recreando nuestro mundo. Estas vidas nos dan una perspectiva de un nuevo mundo de luz, donde el cuidado por el ser humano, el optimismo y la audacia nos capacitan para afrontar las incertidumbres de la vida. ¡Dejemos que las experiencias de la pandemia sean luz para nuestro incesante caminar! De esta manera haremos presente a Cristo en el mundo. ¡Esto es Navidad!

Como hijos de la luz, caminemos en el Año Nuevo en novedad de vida, fomentando familias, comunidades y sociedades más humanizadas, ¡apoyándonos ardientemente en las bendiciones de Dios!

Deseo y pido para todos una Navidad gozosa y un año 2021 lleno de bendiciones.

Hermana Rekha Chennattu, RA

Superiora General

23 diciembre 2020

 

[1] Gustavo Gutierrez, The God of Life (Maryknoll: Orbis Books, 1991), 86