¡Feliz Pascua de Resurrección! ¿Qué mejor manera de experimentar el triunfo de la vida, si no es junto al otro? Al caminar acompañados, tenemos la ventaja de la unión y la dicha de vivir una espiritualidad sensorial.
Dios no se esconde en lo abstracto; se manifiesta en lo tangible: en el calor de un abrazo que sostiene, en la generosidad de la escucha que sana y en nuestra conexión con la naturaleza, que nos demuestra que todo renace. Como bien recordó el Papa León XIV en su homilía pascual de abril de 2026:
“Hoy toda la creación resplandece con una luz nueva… Cristo ha resucitado, y con Él, nosotros resucitamos a una vida nueva donde el encuentro con el hermano es el verdadero banquete.”
Para encarnar este banquete, a veces, necesitamos referentes que nos demuestren con acciones políticas y espirituales, cómo romper barreras y defender la dignidad humana. Este es el legado del arzobispo Desmond Tutu, quien nos invita a dar el paso del odio que mata a la alegría que resucita, recordándonos que siempre tenemos el poder de elegir. Él decía: “La alegría es mucho más grande que la felicidad. La felicidad suele depender de las circunstancias externas, pero la alegría es un estado interior”. Solo desde ese estado interior podemos transformar nuestro entorno[1].
Contemplar la Pascua exige traducirla en una praxis diaria que convierta lo espiritual —el encuentro con el hermano— y lo psicológico —la elección de la alegría— en un estilo de vida coherente. Para vivir con alegría que nace de la disciplina del alma y del cuerpo, comparto contigo, desde mi mirada como psicóloga, cuatro activadores de voluntad:
Y así como diría, Madre María Eugenia de Jesús: “Nuestra mirada debe estar siempre en Dios, pero nuestra acción debe estar siempre con los hombres. La verdadera alegría nace de este equilibrio: ser una presencia transformadora en el mundo porque llevamos el cielo en el interior”. Bajo esta premisa, el banquete de la existencia cobra su máximo sentido cuando elegimos vivirnos en plenitud, disfrutando de nuestra gente y haciendo de cada espacio un lugar habitable para una revolución que nace de la gratitud. Porque la vida es un encuentro que sólo es pleno en esa compañía perfecta: contigo mismo, con el otro y, sobre todo, con Dios. Que esta Pascua no sea un recuerdo lejano, sino el inicio de una vida donde cada sensación nos susurre que, por encima de todo, hemos nacido para la alegría.
Marlé Uribe Ortiz
Psicopedagoga del Instituto Asunción de Querétaro
[1] Si deseas conocer más sobre esta filosofía, busca el encuentro entre Tutu y el Dalai Lama en Dharamsala (2025) donde dieron vida a El libro de la alegría.