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Domingo de Pentecostés

D eventDomingo, 05 Julio 2020

Domingo de Pentecostés“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar” (Hechos 2, 1) Habían pasado cincuenta días desde la Pascua y los Doce, con el grupo de los discípulos, María y las demás mujeres se encontraban juntos como solían hacer, en el Cenáculo. Tras la Pascua seguían reuniéndose para rezar, escuchar las Escrituras y vivir en fraternidad. Esta tradición apostólica perdura hasta hoy. Un año más nos encontramos ante la Celebración de la Fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu, de ese Espíritu de Jesús Resucitado que se nos da a gustar cada día. Y al que le pedimos que nos acompañe, que acompañe el caminar de la Iglesia, el caminar de la Humanidad. El Espíritu siempre nos precede, nos bendice, nos envía. Celebremos la liturgia de este día con gozo y acción de gracias. La Palabra de Dios nos relata en el Evangelio de Juan que leemos hoy, la aparición de Jesús a sus discípulos después de su Resurrección y el don del Espíritu. Con la fuerza del Espíritu los discípulos son enviados: Como el Padre me envió así os envío Yo a vosotros…Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quiénes se los retengáis, les quedan retenidos. La donación del Espíritu es la culminación del Misterio Pascual. Lucas, para describir la venida del Espíritu –en el fondo indescriptible- utiliza el Antiguo Testamento y el relato de la revelación de Yahvé en el Sinaí. Para los Judíos la fiesta de Pentecostés les recordaba el don de la Ley en la Montaña Santa. Allí nació el Pueblo de Dios, un pueblo unido por la Ley que el Señor les dio. Un solo pueblo que puede entenderse, antítesis viva de la humanidad incapaz de ello, dividida, que evocaba el viejo relato de la Torre de Babel. El don del Espíritu en Pentecostés, recrea la comunicación entre los que se abren a la Palabra de Dios, entre los que la oyen y se convierten a ella. Comienza la verdadera reunificación. Judíos y griegos, esclavos y libres, todos bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo (2ª lectura). Reunificación de la humanidad que va a continuarse a través de la Historia. La misión del Espíritu es conciliar, construir comunión en la diversidad, transformar el corazón de hombres y mujeres que se adhieren a la fe en el Resucitado. La comunidad cristiana va a realizar el Proyecto del Padre. Llamados a conciliar la diversidad en el Señor Resucitado, va a ir viviendo, ayer como hoy, de la fuerza del Espíritu. Y cada uno de nosotros acoge el don con el que el Espíritu quiere marcarlo, para ser en mundo, una manifestación, pequeña pero real, de la plenitud del Espíritu de Dios.Sr Cristina María, r.a.