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Entregando "onigiri" (bolas de arroz) a las personas sin hogar durante más de 30 años ...

E eventMiércoles, 08 Diciembre 2021

Escrito en japonés y publicado en el ASAHI MORNING PAPER 20 de mayo de 2021 (versión de la ciudad de Osaka)

 

La Hermana María Corrales, una religiosa católica de 84 años, que vive en Nishinari Osaka, está dedicada desde hace más de treinta años a "patrullar de noche" distribuyendo “bolas de arroz” y mantas a las personas sin hogar y en la calle por la noche. Debido a la grave propagación del coronavirus, varios grupos de voluntarios suspendieron sus actividades. Sin embargo, la Hermana María continuó su “patrulla” martes y jueves diciendo “Quiero proteger la vida de los otros igual que la de los demás sin excepción”.

A las 9 de la noche del 11 de octubre, una camioneta se detiene cerca de la casa de las Hermanas de la Asunción en Nishinari, donde vive la comunidad de la Hermana María.

El conductor es el Sr. Morishita (51), gerente de una Corporación Católica de Servicios Sociales llamada Gyoukoukai. Juntos parten con la Hermana María y su "Onigiri" (bolas de arroz) hechas a mano.

El primer lugar al que van es a la Electric Town en Nihonbashi, al sur de la ciudad de Osaka. La Hermana María llama a un hombre que está acostado frente a la tienda con las persianas cerradas, envuelto en un saco de dormir hasta la cabeza, “¿Estás bien? ¿Quieres Onigiri? La Hermana María pone un Onigiri envuelto en su palma tímidamente estirada. Responde con voz tenue, "Arigatou" (Gracias).

Dan una vuelta por otros lugares, como el paso subterráneo de una autopista y el parque Tenouji. Luego llegan al Airin General Center (que está cerrado en la actualidad) en Kamagasaki, Nishinari. Hay una pila de basura de gran tamaño y artículos sin usar y, a pesar de todo, muchas personas sin hogar duermen allí. La Hermana María se arrodilla al lado de cada persona y dice “Toma un Onigiri”. Muchas caras le son familiares, ya que ha estado haciendo esto durante muchos años. Algunas personas se acercan y la saludan como si esperaran su llegada. Esta noche la Hermana María con otros miembros del personal distribuye sesenta y nueve "onigiri" (bolas de arroz).

Muchas de las personas sin hogar son personas mayores que perdieron sus trabajos como jornaleros, haciendo obras de ingeniería civil.

La Hermana María llegó a Japón desde España a la edad de 22 años como misionera. Vino a Nishinari en 1989. “Ahora hay muchas menos personas sin hogar”, dice. Dos ancianos murieron uno tras otro últimamente en Kamagasaki. La Hermana María se para en el lugar donde solían estar y hace la “señal de la cruz”.

Mina Yoshimura, una estudiante universitaria de 20 años de la Universidad de Kinki, se unió a la “patrulla nocturna” hace seis meses. Conocía a una persona sin hogar cerca de su casa. Un día  notó que tenía problemas. Habían quitado el banco público que estaba usando como cama. No tenía palabras para él. “¿Qué puedo hacer por él? .......” Queriendo hacer algo, comenzó a ofrecerse como voluntaria en un grupo de apoyo para los necesitados, así como en la “patrulla nocturna”. "Ahora no solo los que viven cerca, sino incluso los lugares distantes se me han acercado" dice.

El pasado 25 de abril se declaró por tercera vez el “estado de alerta” en la Prefectura de Osaka. Desde entonces, en Kamagasaki, algunos grupos suspendieron el "comedor de beneficencia", que es el sustento de las personas sin hogar aquí. A pesar de todo, la Hermana María continúa con lo que hace de todo corazón porque quiere “proteger sus vidas”. “Que no falten mascarillas y mantas para las personas sin hogar”, dice.

La Hermana María quiere que la mayor cantidad de gente posible sepa esto; este es el lugar, el entorno en el que las personas sin hogar nacen y se crían, no reciben suficiente educación y no pueden recibir asistencia social…. “No es su culpa vivir en la calle. Tienen antecedentes y razones para ello. Pero siempre se puede tener en cuenta su presencia y reconocer su dignidad. Son los que no tienen voz en medio de nosotros ".

 

(Artículo escrito por: Rie Kowaka

Traducido por: La Hermana Christina Nakayama, RA)