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Jornada Mundial de la Vida Consagrada: La vida consagrada, testigos del amor de Dios

J eventLunes, 02 Febrero 2026

En algún momento de tu vida, te has preguntado ¿qué es lo que da sentido a lo que realizas cada día, a los proyectos y sueños que te has trazado? Quizás hoy, sea el día oportuno para hacer una pausa y puedas escribir en el libro de tu historia personal, el sentido hondo de tus inspiraciones que impulsa el deseo de sostener aquello que amas a pesar de las dificultades. La existencia del ser humano es un don de Dios, (cf. Colosenses 1, 16) “porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él…”, por su Palabra se hicieron todas las cosas. Sta. María Eugenia lo recuerda de una manera profunda cuando dice: “bajo la Palabra de Dios está Dios mismo”. Sin embargo, nuestra vida tiene sentido cuando se la confiamos en manos de Nuestro Señor Jesucristo, él es la inspiración de nuestros sueños.

Sta. María Eugenia también tuvo sueños, uno de ellos fue: “hacer de esta tierra un lugar de gloria para Dios”, una sociedad transformada por el evangelio, en donde todos tengan un lugar en el banquete del amor, y comprometidos como Jesús vivamos el desafío de encarnarnos en esta realidad en donde no hay trofeos, ni aplausos, sino el regalo de ser libres y poder ir al encuentro de otros, para crear juntos espacios más fraternos y sensibles ante el sufrimiento de nuestros hermanos, esto solo es posible, cuando dejamos que la mirada de Dios acompañe nuestra pequeñez.

A lo largo de la historia y por la fe en Dios, comprendemos que la vida consagrada es un don del Espíritu para la vida de la Iglesia; es su gracia lo que dinamiza nuestras comunidades religiosas, e impulsa a permanecer con la mirada fija en Jesucristo. La consagración lleva consigo renuncias costosas, “Amo al Padre, hago siempre lo que le agrada” (cf. Jn. 14, 31; 8,29), es buscarle en comunidad y mirarle sólo a él, es alimentar juntas “el sí” que se renueva cada mañana por medio de la oración. “Nos ha llamado por nuestro nombre, nos ha predestinado desde toda la eternidad para ser suyas, tenemos que hacer algo para que así sea”. Así es, la plena alegría de mujeres y hombres que desde la sencillez consagran su vida a Dios, brota de esa experiencia de sentirse amados por el Padre, quienes conscientes y en libertad, confían en que la fidelidad los sostiene y acompaña su vida entregada, siendo un signo visible del Reino de Dios que se hace presente en la tierra por medio de gestos sencillos, una mirada, una sonrisa, un apretón de manos, un abrazo, gestos nobles que marcan la historia y confirman de que una sociedad más fraterna y justa sí es posible. Gestos que se convierten en la huella de Dios que acompañan a la humanidad.

El amor de Dios nos apremia, porque de él viene el “sí” de la vida consagrada, una respuesta que es escucha de la Palabra y respuesta libre al proyecto del Reino de Dios. Con ello, entrar en la dinámica de los desafíos en la realidad actual. “En un mundo marcado por la inquietud, la alegría y la paz de una comunidad son un interrogante para muchos y se convierte en signo de la presencia de Jesús entre los suyos” (cf. R.V.49) La vida consagrada, comunidades de espacios gratuitos para vivir la fraternidad y ser reflejo de la esperanza para el mundo de hoy; gesto humanizador que permite acompañar la vida de la Iglesia y ofrecer con humildad los dones que se van desarrollando al interior de cada comunidad religiosa. La donación total de vivir para Dios y los demás es un regalo, confiando que él sostiene cada Carisma. Somos dichosos porque Jesús nos llama cada día por nuestro nombre; “Tenemos que responder a su llamada, tenemos que aprender a servirle, las delicadezas de su compañía, cómo vivir interior y exteriormente todas nuestras acciones, nuestros pensamientos, nuestra conducta”. Por eso, la alegría de hacer bajo la mirada de Dios los pequeños trabajos cotidianos, permite dejar espacio a la humildad, a la sencillez y la pasión por el reino de justicia que habita entre nosotros. él se manifiesta en su Palabra, de ahí dimana todo bien, la bondad misma que es su fidelidad.

La vida religiosa, es un espacio de alabanza, “Alaben al Señor porque es bueno. Porque es eterna su misericordia” (cf. 1 Crónicas 16: 34), su bondad no conoce fronteras, él es quien pone la creatividad para que desde el “ser y el hacer” propio de los carismas, puedan vivir una entrega que abra caminos de comunión y diálogo. “Entregándose sin reserva a Jesucristo, las hermanas se dan incondicionalmente a la construcción de su Cuerpo, a la proclamación profética de la Buena Noticia y a la llegada del Reino” (cf. R.V.1). Es vivir bajo la confianza y novedad del Padre. La vida consagrada, es una luz para el mundo de hoy que desea ardientemente mantener encendida la llama del amor, regalo que nos ha sido otorgado el día de nuestro bautismo; con ello queremos dar testimonio de la Resurrección de Cristo que habita en nuestras comunidades y nos llama a vivir fieles a su alianza.

Hª Claudia Marilú

Provincia América Central-Cuba

 

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