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La alegría grave de la Pascua

L eventViernes, 14 Mayo 2021

Beatificación de los Mártires del Quiché - 23 de abril de 2021

Original – Español

Fuente – Vatican New ES - FR - ENG

“Sin embargo, no sé si sienten, como yo cada año, que la alegría de la Pascua, a primera vista, es una alegría seria, profunda, una alegría de eternidad. Para los apóstoles, para los discípulos, para toda la Iglesia naciente, después de haber visto a nuestro Señor en tal sufrimiento, en la angustia, la hora de la resurrección fue una hora de alegría, sin duda, de alegría, que, como todo paso de dolor a una gran alegría, debía tener algo de serio y solemne.”[1] 

La alegría que nos embarga hoy, por la beatificación de diez mártires del Quiché: tres sacerdotes españoles, Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús; José María Gran, Faustino Villanueva y Juan Alonso, junto con siete laicos catequistas; Rosalío Benito, Reyes Us, Domingo del Barrio, Nicolás Castro, Tomás Ramírez, Miguel Tiú y Juan Barrera Méndez (un niño de 12 años) es una alegría pascual, una alegría grave, como nos dice Santa María Eugenia. Ya que, estos 10 mártires fueron asesinados entre 1980 y 1991, en el marco del conflicto del Conflicto Armado, que duró 36 años y en la cual se llevaron a cabo graves violaciones a los Derechos Humanos y a los Derechos de los pueblos indígenas:

La Comisión de Esclarecimiento Histórico –CEH- registró un total de 626 masacres cometidas por las fuerzas de seguridad del Estado, de ellas, 420 ocurrieron en 18 meses (1981-1983).

A inicios de los años 80, se estima que entre 500 mil y un millón y medio de personas tuvieron que huir como consecuencia directa de los planes de campaña y operativos militares que el Ejército desarrolló para recuperar el control de la población civil en las áreas de conflicto.  Desaparecieron 45,000 personas. Las desapariciones forzadas sembraron el terror y el miedo entre la población. Esta forma de violencia fue ejercida sobre todo por el Estado, a través de instituciones como la Policía Nacional.[2]

Por lo tanto, contemplar su PASCUA, es HACER MEMORIA de la angustia y el sufrimiento provocado por los abusos perpetrados históricamente por el Estado guatemalteco, a pueblos mayas, campesinos y campesinas, a la sociedad civil que levantó su voz para denunciar estos atropellos. También, es hacer memoria de su entrega generosa hasta el extremo, hasta las últimas consecuencias.  Como nos lo dice bellamente, el Obispo de la Diócesis de Quiché, Monseñor Rosolino Bianchetti:

“Como Jesús nuestros mártires pasaron en este mundo haciendo el bien, siguiéndolo como Maestro y Amigo. Su vida se caracterizó por las obras como promotores de la justicia, de la paz y de una vida que estuviera de acuerdo al proyecto de Dios, nuestro Padre; impulsados por el amor a la verdad, la justicia, la libertad y por los pobres y excluidos. Desde sus comunidades quisieron construir una vida más digna, disminuida por las injusticias, la codicia y la discriminación; así fueron asumiendo día tras día el proyecto de Dios. Hasta el día de su martirio trataron de abrir espacios para ofrecer a todos una alternativa de vida frente a políticas gubernamentales de muerte expresadas mediante la represión, los secuestros y las masacres.”[3]

Un criterio de discernimiento para reconocer la resurrección que nos da Jesús mismo, en los relatos que narran las apariciones del Resucitado, es que muestra signos concretos, sus heridas, sus llagas; se nos muestra sirviendo, partiendo y compartiendo el pan.  ¡Eso es lo que contemplamos en estos diez mártires!  Las heridas y las llagas de estos pueblos, de tantos mártires de esta época de la Iglesia en Guatemala, pero, también, la vida partida y compartida por signos concretos de transformación de la sociedad, en seguimiento de Jesús. Esto los llevó al martirio. 

Resalta de manera especial, el martirio de Juanito, Juan Barrera, un adolescente de 12 años, catequista de Primera Comunión, apasionado por Jesús. Fue interrogado por el Ejército, torturado y colgado en un árbol, “como Jesús”.  ¡Qué inspiración para todas y todos, pero, en especial, para las y los jóvens de hoy!

Celebrar esta pascua es dar voz a los que fueron “aparentemente” silenciados porque fueron asesinados y continuar el camino hacia el Reino, comprometidas y comprometidos con el Evangelio, aunque, como dice Monseñor Gerardi, en su discurso de entrega del Informe de Recuperación de la Memoria Histórica en Guatemala, en 1998: “la construcción del reino de Dios tiene riesgos y sus constructores son sólo aquellos que tienen fuerza para enfrentarlos", en un contexto en el que las injusticias y la inequidad son más evidentes.[4]

Oremos, como dice el coro del Himno compuesto para la ocasión de la Beatificación:

¡OH GLORIOSOS MÁRTIRES DEL QUICHÉ!

QUE LUCHARON BIEN EL COMBATE DE LA FE.

INTERCEDAN ANTE DIOS, PARA QUE

NOSOTROS, AHORA PODAMOS TAMBIÉN,

//LUCHAR POR EL REINO DE DIOS, SIN DESFALLECER//[5]

 

[1] Santa María Eugenia de Jesús – 14 de abril de 1879)

[2] https://memoriavirtualguatemala.org/?page_id=1913

[3] Carta de Monseñor Bianchetti Recuperada de: http://www.radioscatolicasdequiche.org/radioquiche/images/docs/carta_de_mons_bianchetti_martires_de_quiche.pdf

[4] http://www.remhi.org.gt/portal/discurso-de-monsenor-juan-gerardi-con-ocasion-de-la-presentacion-del-informe-remhi/

[5] https://www.youtube.com/watch?v=WTChO2QWyes