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Más allá de la misión: llamados a la compasión

M eventMiércoles, 28 Enero 2026

Todos hemos encontrado personas que viven dolor, dificultades o sufrimiento, y hemos sentido el impulso de actuar para aliviar su situación. A veces buscamos, como individuos o como grupo, la manera de reducir ese sufrimiento. La compasión nace de gestos sencillos de humildad, paciencia, bondad, honestidad, respeto, perdón o gratitud… una lista interminable. Puede expresarse escuchando sin juzgar, comprendiendo profundamente lo que viven los demás, ofreciendo ayuda, teniendo paciencia o perdonando errores y faltas.

Como comunidad de las Religiosas de la Asunción, rodeadas de personas marginadas, hemos asumido esta responsabilidad sagrada, llamadas por Jesús con un corazón abierto y unas manos dispuestas. En el Evangelio de Mateo 25,40, Jesús nos recuerda: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos más pequeños de mis hermanos, a mí me lo hicisteis». Estas palabras no son solo un llamado: son una auténtica misión.

Como peregrinas de la esperanza, cada semana visitamos hogares, hospitales y refugios, no como desconocidas sino como portadoras de esperanza. Llevamos oración y presencia a quienes se sienten olvidados. Escuchamos sus historias de dolor y resiliencia. Tomamos manos que tiemblan por la enfermedad y ofrecemos consuelo allí donde la medicina no alcanza.

Agradecemos a nuestra parroquia, que ha reconocido la necesidad de los más pobres y nos ha confiado la distribución de alimentos provenientes del ofertorio dominical. También llevamos la Sagrada Comunión a las comunidades que no cuentan con celebración eucarística los domingos.

Este ministerio no es sencillo. Exige tiempo, energía, sacrificio, fortaleza interior, una actitud sin juicios, profunda comprensión, capacidad para tolerar situaciones difíciles, compromiso para prevenir sufrimientos futuros, práctica de la bondad consigo mismo y valentía para afrontar el dolor. Es una obra sagrada. Es el Evangelio en acción.

No solo atendemos necesidades materiales: restauramos la dignidad humana. Recordamos a los enfermos que no están solos. Testimoniamos a quienes pasan necesidad que son vistos, conocidos y amados.

Seguimos siendo una Iglesia que camina hacia el sufrimiento, no que huye de él. Somos conocidas no solo por nuestra oración, sino por nuestro testimonio, un testimonio que brilla con más fuerza en los lugares más oscuros.

Como peregrinas de la esperanza, no nos cansamos de hacer el bien; y en cada acto de servicio reflejamos el amor de Cristo que vive en nosotras.

«¿Quién necesita compasión? ¡Todos la necesitamos!»

Comunidad de Kangundo