¿Qué resuena en nuestra mente cuando escuchamos la palabra misericordia? Debilidad, sufrimiento, vulnerabilidad, quizá el perdón tras el fracaso. Sin embargo, en Vilna, la misericordia mostró otro rostro: un misterio de encuentro que restaura la humanidad, reaviva la esperanza y reúne a las personas más allá de las fronteras, las lenguas y las historias. Con este espíritu, hermanas y jóvenes adultos de la Provincia de Europa de las Religiosas de la Asunción —de Inglaterra, Bélgica, Italia y Lituania— participaron en el 6º Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, bajo el lema: Construir la ciudad de la Misericordia.
Vilna: la Ciudad de la Divina Misericordia
Difícilmente podría haber un lugar más apropiado para un encuentro así que Lituania. Su capital, Vilna, ocupa un lugar único en la historia de la Divina Misericordia. Fue aquí donde Santa Faustina Kowalska recibió las revelaciones confiadas a la Iglesia para el mundo moderno, y aquí donde se diseñó, bajo su guía, la primera imagen de Jesús Misericordioso, tal como Jesús lo reveló en sus visiones. De esta ciudad surgieron las principales expresiones de la devoción a la Divina Misericordia: la Coronilla, la Imagen de la Divina Misericordia, la Fiesta de la Divina Misericordia, la Hora de la Misericordia y la Novena.
Caminar por Vilna durante el Congreso era como entrar en una memoria viva de fe y resiliencia. Los peregrinos encontraron no solo lugares sagrados, sino también la historia de un pueblo cuya fe sobrevivió a décadas de guerra y opresión soviética. Entre los encuentros memorables para los delegados de la Asunción estuvo el del cardenal Sigitas Tamkevičius, quien, siendo joven sacerdote, puso en marcha en 1972 la Crónica clandestina de la Iglesia Católica en Lituania para documentar la persecución religiosa. Por este valiente testimonio, fue arrestado por las autoridades soviéticas y condenado a prisión y exilio. Su presencia recordó a los participantes que la misericordia no borra el sufrimiento, sino que da la fuerza para soportarlo.
Una experiencia de Iglesia y fraternidad
Para muchos participantes, el Congreso se convirtió en mucho más que una peregrinación. Fue una experiencia de fraternidad, hospitalidad y renovación. La Hª Cathy habló de la alegría de ser acogida en la comunidad de la Asunción de Vilna, recientemente renovada. Al regresar cada tarde tras las largas jornadas del Congreso, el convento se convertía en un lugar de descanso, amistad y pertenencia.
La Hª Cécile describió el Congreso como "una hermosa experiencia de la Iglesia en toda su riqueza, que manifiesta el amor misericordioso de Dios". La procesión eucarística por las calles de Vilna en la jornada inaugural, junto con las conferencias, los talleres y los testimonios, ofreció una comprensión más honda del poder transformador de la misericordia. A través de la belleza de las liturgias y la música sacra, se sintió atraída hacia el alma de Lituania y regresó a casa con el corazón "lleno y revitalizado".
Una misericordia que une y transforma
Los jóvenes adultos también vivieron el Congreso como un momento de crecimiento espiritual. Amy lo describió como "profundamente conmovedor, espiritualmente enriquecedor y significativo". A través de la oración, la alabanza y la adoración, descubrió de nuevo que la misericordia no es solo un don recibido de Dios, sino también una llamada a compartir el perdón, la compasión y la bondad con los demás. A Renato le conmovieron especialmente las personas que conoció a lo largo de la peregrinación y los testimonios que resonaron con su propia experiencia de vida, mientras que las presentaciones sobre Santa Faustina y la imagen de la Divina Misericordia profundizaron su aprecio por el mensaje.
Rebecca subrayó el poderoso recordatorio de que la misericordia de Dios supera toda debilidad humana. Reflexionando sobre una cita de Santa Teresa de Lisieux, le impactó la convicción de que incluso los mayores pecados son insignificantes frente a la inmensidad de la misericordia de Dios. A través del don de la Reconciliación —reflexionó—, Dios ofrece continuamente perdón, sanación y esperanza.
Para la Hª Josephrita, una de las impresiones más fuertes del Congreso fue la unidad creada por la fe. Más allá de las diferencias de lengua, cultura y nacionalidad, los participantes se experimentaron como un solo pueblo de Dios. Este espíritu de comunión se hizo especialmente visible en las liturgias celebradas a lo largo del Congreso.
En solidaridad con Ucrania
Una imagen permanece especialmente grabada. Durante las misas vespertinas celebradas en distintas lenguas en diferentes iglesias, sorprendentemente las iglesias se llenaban por completo allí donde tenía lugar el rito ucraniano. Muchos participantes, emocionados, no entendían nada del idioma, pero habían elegido asistir a las misas ucranianas como un gesto de solidaridad con el pueblo sufriente de Ucrania.
Entre los testimonios que dejaron una profunda impresión en los participantes estuvo el de Tetiana Stawnychy, presidenta de Cáritas Ucrania. Hablando de vidas destrozadas, hogares destruidos y comunidades devastadas por la guerra, los ucranianos dieron testimonio, no obstante, de una esperanza que permanece viva. Incluso en medio de la destrucción —dijo—, la misericordia de Dios sigue sosteniéndolos, ayudándolos a perseverar, a apoyarse mutuamente y a creer que la luz aún puede surgir de la oscuridad. Sus palabras se convirtieron en un poderoso recordatorio de que la misericordia no es una idea abstracta, sino una fuerza capaz de sostener la esperanza en las circunstancias más difíciles.
Enviados como testigos de la misericordia
A medida que el Congreso llegaba a su fin, los participantes empezaron a dejar Vilna llevando consigo más que recuerdos de conferencias, lugares sagrados y celebraciones. Partieron renovados en su convicción de que la misericordia no es simplemente una devoción o un tema espiritual. Es un modo de vivir, una fuerza capaz de transformar corazones, reconstruir relaciones y sostener la esperanza incluso en medio del sufrimiento. La Hª Agnes expresó sencillamente su gratitud al Señor por las muchas gracias recibidas durante estos días: la oportunidad de orar, de encontrarse con peregrinos de distintos países y de ser testigo de la realidad viva de la Divina Misericordia en la Iglesia de hoy.
En la ciudad donde el mensaje de la Divina Misericordia tomó por primera vez forma visible, los peregrinos volvieron a encontrar la verdad profunda y perdurable de la persona humana: que la misericordia sigue siendo uno de los mayores dones de Dios a la humanidad y una de las misiones más urgentes de la Iglesia hoy.
¡Una civilización de la misericordia se construye cada vez que la compasión se convierte en un modo de vida!
Peregrinos de la Asunción en Vilna