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Trésors d'Archives nº4 - León (Nicaragua) y Santa Ana (Salvador): últimas fundaciones de María Eugenia

T eventMartes, 24 Noviembre 2020

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LEÓN (NICARAGUA) Y SANTA ANA (SALVADOR): ÚLTIMAS FUNDACIONES DE MARÍA EUGENIA

 

Las fundaciones de León, en Nicaragua, y de Santa Ana, en El Salvador, son las últimas fundaciónes antes de la muerte de María Eugenia. En los Archivos, encontramos muchos documentos con relación a esta fundación. Especialmente una copia (Documento J : cubierta del documento) del relato de la fundación por la Madre Caridad, vuelto a copiar en 1939 por una hermana de la comunidad de El Salvador. Aquí tenemos el relato tal como podemos leerlo en el cuaderno original con tapa dibujada (enluminée) Podemos alimentar el relato con otros documentos que se encuentran también en el dosier.

Relato de la Fundación de León (Nicaragua)

Por Madre Maria Caridad

(Documento A : Foto del inicio del documento)

A finales del 1891, o a comienzos del 1892, el Doctor Roberto Sacasa, Presidente de la República de Nicaragua, encargó a su representante, el Sr Medina, Ministro de Nicaragua en Paris, que buscase una Congregación de enseñanza que pudiera aceptar el enviar algunos de sus miembros a León, para fundar un colegio dedicado a la educación de niñas… El Sr Medina (Document L : Correspondencia con el Señor Medina) conocía a nuestras hermanas de Lubeck, y no dudó ni un momento dirigirse a esta Congregación, transmitiendo a Auteuil a nuestra venerada Madre Fundadora el deseo de su Gobierno. 

Nuestra Madre vió en la propuesta que le hacía el Ministro de Nicaragua una manifestación de la voluntad de Dios que parecía aprobar el deseo secreto de su corazón de abrir, de nuevo, el campo de las Misiones a aquellas que se sentirían llamadas a ello. No dudó en dar su palabra al Sr Medina que, tras habérselo comunicado a su Gobierno, hizo un contrato con Nuestra Madre Fundadora, contrato en el que se estipularon los compromisos por ambas partes. (Documento K : Extracto del relato)

El 24 Agosto1892 se embarcaron hacia à Pauillac en el Labrador, vapor de la Cia Transatlántica (Documento B : tarifas de la Cia Transatlántica), las que tuvieron la dicha de ser escogidas por Nuestra Madre Fundadora, para ser las piedras de fundación de nuestra primera casa en América Central … Eran nueve: M. María del Rosario, Sr Rosa Adelaida, Sr Catherine Marie, Sr M. Denyse, Sr M. Rosa, Sr Myriam ; y tres hermanas coadjutoras: Sr M. del Salvador, Sr M. Raymunda, Sr M. Placidia… Un santo sacerdote formaba parte de la expedición ya que una de las cláusulas del Contrato que Nuestra Madre Fundadora había hecho con el Gobierno de Nicaragua era que un capellán, escogido por ellas, acompañase a las Hermanas y servirles de ayuda espiritual… Nuestro Capellán de Mira-Cruz, el Padre Domingo Maria de Goñi, de santa memoria, habiendo sabido esto se ofreció espontáneamente a Nuestra Madre Fundadora que aceptó, muy agradecida, su ofrecimiento generoso y no fué decepcionada porque el santo sacerdote hizo un bien inmenso, no solamente al colegio sino también a las personas de fuera y sobre todo al clero. Lo recordaremos más adelante..

La travesía fué buena pero viendo ya la estatua de Colón, las autoridades hicieron saber al Comandante del Labrador que no se le permitiría anclar en este puerto y que todo el equipaje se guardaría en cuarentena, así como a sus pasajeros porque se supo, en Colón, que había habido un caso de cólera en el momento en el que el Labrador dejaba la ciudad. El Comandante, muy contrariado, decidió volver a Francia… (Documento C : correo de la Compañía Trasatlántica)

Sin embargo, la M. Rosario y sus hijas y el Padre de Goñi, estaban tristes pensando en tener que renunciar a la Misión, y al llegar à la Guaira, la Madre decidió el desembarco en el puerto con las ocho hermanas para esperar nuevas órdenes de Nuestra Madre Fundadora… En esta espera…, La Madre M. Rosario no tuvo que sentirse decepcionada por esta decisión, porque no solamente el Párroco de una parroquia de la Guaira : el Padre Monteverde, fué un verdadero padre para esta pequeña comunidad durante toda la estancia en Venezuela, sino que además las autoridades y la sociedad de La Guaira, incluso la clase obrera, se mostraron muy acogedores con ellas… lo que sería muy largo de contar aquí todas las delicadezas que tuvieron con ellas, y me limitaré solamente a decir que durante los dos meses que duró la estancia en Maiquetía, que es como un barrio de La Guaira, no se les permitió gastar ni un centavo. Las familias se disputaban el honor de pagarles el alojamiento; le enviaron los muebles, la vajilla, etc. y, además, la comida diaria y todos hubieron deseado que se instalaran en Venezuela… pero no era el campo que el Padre da familia les reservaba, de momento, y desde que la Madre M. Rosario supo que se les permitiría desembarcar en Colón, la comunidad, acompañada de su capellán, volvieron a embarcar. Finalmente el 6 de Noviembre 1892, las  Hermanas y el Padre llegaron a León y fueron admirablemente bien recibidas por las autoridades eclesiásticas y civiles. (Documento E : Carta de misión enviada por el Obispo y Documento F : Firma del Obispo en la carta de misión), y por toda la sociedad. – La 1ª Misa se celebró el 15 Novbre fiesta de Santa Gerturdis y el 15 de Enero 1893 se abrió en Colegio. (Documento G : 1ra alumna). Pronto tuvimos tantas alumnas  que las dos casas que nos habían preparado no bastaban para recibir a tantas niñas como se presentaron. (Documento D : Plan del Palacio Episcopal dado a la Asunción). A la vista de esto el Señor Presidente Sacasa puso a nuestra disposición el Instituto Nacional en que que permanecimos hasta el terremoto que tuvo lugar el 29 Abril 1898 que destruyó una parte del edificio.  

En 1893, nuestra Madre Fundadora envió un refuerzo de séis hermanas a León. Las elegidas fueron : Sr M. Michaël de la Presentación, Sr Marie Caridad del Sagrado Corazón, Sr Marie Notburge del Niño Jesús,  y tres hermanas coadjutoras : Sr M. Virtudes, Sr M. Rudesinda, Sr M. Brígida.

Embarcamos en el Havre el 15 Junio del mismo año. M. Agnès Eugénie nos acompañó hasta el puerto así como Mère Cécile Emmanuel que se unió a nosotras en Rouen donde pasamos la noche... En el momento del adiós en el puerto del Havre, como estábamos emocionadas, M.Agnès Eugénie, para cosolarnos, nos dijo: No lloréis, hijas, pronto me uniré a vosotras …. No dudamos en que esta predicción de la querida Madre se realizaría un día…

El 14 de julio abordamos en San Juan del Sur (Nicaragua) y allí se nos dijo que podiamos seguir hasta Corinto dado que el país estaba en Revolución  y que los invasores se encontraban en este puerto.  Fué necesario, pues, desembarcar en San Juan del Sur. Felizmente que un señor muy amable, Dn Salvador Chamorro, se se encargó de llevarnos a la ciudad que en esta época estaba formada por tres calles y algunas casitas donde vivían familias de pescadores  …… Necesitamos cinco días que nos !parecieron un siglo!…. Nos acostábamos en el suelo porque no había camas y, para el colmo de la desgracia, fué imposible comunicarnos con Mère Marie Rosario... Nos quedaban pocas reservas puesto que estábamos al final del viaje...

Felizmente, el Señor Chamorro tuvo la buena idea de aconsejar a Sr M. Michaël que era la encargada del viaje, de enviar un telegrama al nuevo Presidente (el que había derrocado al Sr  Sacasa) diciendo que el Gobierno nos había llamado y que le pediamos que nos enviara los medios de transporte para llegar a Rivas… El Presidente respondió, con gran amabilidad, que nos enviaría dos carros. Así, dos días más tarde, llegaron los carros anunciados: uno estaba llevado por seis bueyes y el otro por dos. El primero era para nosotras y  el segundo para transportar los equipajes… Estábamos felices de viajar como Santa Teresa…!...

Salimos de San Juan del Sur a las 4 de la mañana: el viaje fué de lo más pintoresco.

Después de haber atravesado una selva virgen muy bonita llegamos finalmente a Rivas a las 5 de la tarde…(Este viaje se hace ahora en coche en menos de una hora…)

El Gobierno nos pagó el hotel durante toda nuestra estancia en esta ciudad donde tuvimos que esperar los acontecimientos.

La revolución terminó hacia finales de julio. El Sr Santos Zelaya que, a su vez, había derrocado al Sr Zelaya, el adversario del Sr Sacasa, se hizo reconocer como Presidente de la República y se restablacieron las comunicaciones; en los primeros días del mes de Agosto, dejamos Rivas para ir al pequeño Puerto de San Jorge, en el lago de Nicaragua y, tras unas horas de navegación, desembarcamos en Granada. Allí pudimos ponernos finalmente en comunicación con la M. M. Rosario que, feliz, nos envió una persona de confianza para acogernos y  llevarnos a León.

El 11 de Agosto llegamos al final de nuestro viaje y la Madre Rosario nos abrazó como una verdadera Madre.  

Aquí tengo que abrir un paréntesis para hablar del venerado sacerdote que había seguido a la  Madre Marie Rosario y a sus hijas a León como capellán.

Como la Madre M. Rosario tenía la fecha de la salida del puerto del Havre y que no podía comunicarse con nosotras a causa de la Revolución, supuso que desembarcariamos en Amapala (Honduras) o que seguiriamos hasta el Salvador…. Al saber que una embarcación iba hacia Ampala el Padre de Goñi se ofreció para ir a esperarnos allí para llevarnos a León. Al desembarcar en Amapala, puso un telegrama al Comandante del Puerto de San Juan del Sur para pedirle si, casualmente, había allí Religiosas de la Asunción. Al haberle dado el Comandante una respuesta afirmativa, el Padre de Goñi envió un cable a Sr Marie Michaël diciéndole que esperara porque iría a buscarnos: El Padre de Goñi pensaba embarcarse para San Juan del Sur, en la misma embarcación que le había llevado a Ampala, pero Dios tenía otros planes para él…

Apenas llegado a Amapala, le rogaron que administrara los sacramentos a una persona que moría afectada por la fiebre amarilla. Varias personas le disuadieron pero él contestó: Soy sacerdote y me debo a las almas, fué pues a administrar los sacramentos al enfermo que murió unas horas más tarde. Al día siguiente, el Padre de Goñi, al volver de la Iglesia tras oficiar los Funerales, se sintió afectado por la fiebre, y, el 27 de julio de 1893, murió sin tener un sacerdote que le asistiera…

Cuál no fué nuestra dolorosa sorpresa despés de haber recibido el cable de la llegada del Padre, recibir otro, unos días después, anunciandonos su muerte.......... Tuvimos los detalles citados por un amigo del Sacerdote que llegó en la embarcación que debía traerle a él y tuvimos la dolorosa misión de comunicar esta triste noticia a la Madre M. Rosario al llegar a León.

En el mes de septiembre del mismo año, la M. M. Rosario abrió la escuela gratuita con 200 niñas y meses después la Escuela dominical. Después de esto…!cuántas generaciones se han sucedido!...

A esar de la amable acogida de la sociedad, los comienzos fueron muy difíciles, sin contar las privaciones de todo tipo: Después de haber sido llamadas por un Gobierno conservador, fué necesario luchar contra las exigencias y las restricciones de un Gobierno liberal. Pronto empezó la persecución religiosa. En 1894 el Gobierno expulsó a una Congregación femenina. Los Ministros del Presidente Zelaya quisieron forzarle para expulsarnos a nosotras, pero como nos estimaba tanto, en el momento que le presentan el Decreto de expulsión para firmarlo dijo : Señores, ¿Quieren que expulse a las Religiosas de la Asunción ? Bien, pero les prevengo que estas Religiosas no se irán como ‘mansas corderas’, y pueden tener la seguridad que recurrirán a sus Consejos respectivos, además existe un contrato que se le ha presentado a la Superiora general y tenemos que respetar sin lo cual… Y el Decreto de expulsión no se firmó. (Todo esto lo supimos por un testigo ocular).

 Sin ambargo en Auteuil se supo lo del decreto de expulsión de las Religiosas de Granada y N. Madre Fundadora y su Vicaria (Mère M. Célestine) se alarmaron de esto y decidieron enviarnos a la Madre Agnès Eugénie como visitadora con la orden de llevarnos a Europa si fuese necesario.

La querida Madre lleó el 12 de octubre con una lluvia torrencial. No la esperábamos porque el telegrama que envió desde Panamá a M. Marie Rosario era incomprensible. Todo lo que pudimos sacar en claro era que alguien había desembarcado en Panamá e  iba hacia Corinto : esto podía ser una hermana, o bien una profesora que tenía que venir para la familia Padilla qui vivía en Amapala………..

Imposible hablar por teléfono a causa de la tormenta y la Madre Rosario decidió enviar dos Hermanas a Corinto a una persona desconocida que, quizá, llevaría cartas de N. Madre Fundadora o de la Madre Vicaria… Cuál no fué nuestra alegría cuando vimos llegar a nuestra querida Madre Agnès Eugénie !.... Pero, hélas !... nuestra alegría se transformó en tristeza cuando, desde el dia siguiente de su llegada , la Madre Visitadora nos dijo que venía a cerrar la casa… sin embargo la querida Madre no precipitó las cosas, se informó a través de la Madre M. Rosario y de todas nosotras, luego escribió à Auteuil para  informar a nuestras Madres. Entre tanto, recibió una carta de Nuestra venerada Madre Fundadora que le decía, entre otras cosas, hacer todo lo posible para guardar la Misión, y añadía: ¿porqué abandonar a estas pobres niñas?

Aquí se sitúa un incidente muy bonito: Un grupo de madres de familia habiendo oído que la M. Agnès Eugénie venía para cerrar la casa, fueron a suplicarle que no llevara a cabo este proyecto… (Documento G : firma de una de las cartas de petición para que las hermanas se quedaran)

Como esto sucedía dos días después de la llegada de M. Agnès, ésta les dió una respuesta negativa pero estas madres no se dieron por vencidas; esperaron un poco de tiempo y más tarde volvieron al convento y pidieron ver a la Madre visitadora. Madre Agnès fué, y para sorpresa suya, no vió a nadie salvo una estatua pequeña de N.S. de la Merced sobre la mesa del recibidor. Después de unos momentos de asombro la Madre Agnès comprende y se emociona y luego la puerta que daba a un segundo recibidor se abre y aparecen las señoras que estaban escondidas … y tras saludar a Mère Agnès le dijeron: Madre, usted no ha querido ceder a nuestros deseos ¿rechazaría usted vuestro consentimiento a nuestra Reina y Patrona ?... Esta vez Mère Agnès, muy emocionada, les dió un poco de esperanza. Las señoras se fueron muy contentas pero la estatua se quedó en la Asunción durante unos meses: Las que la había llevado no fueron a buscarla para devolverla a la Iglesia de la Merced (Documento I : convento de la Merced) sino después de haber recibido la buena noticia de la autorización de Auteuil para continuar en León. Nosotras desbordábamos de alegría y de agradecimiento a Dios y hacia Nuestra Madre Fundadora y su Vicaria que nos había dejado nuestra querida Misión en Nicaragua.

Entretanto, el Presidente del Salvador, el Sr Gutierrez, habiendo tenido ecos de que pensábamos retirarnos de Nicaragua, rogó a uno de sus amigos de León encontrar a la Madre M. Rosario para proponerle una fudación en Santa Ana. Así es cómo la Providencia se sirve de los acontecimientos difíciles para su gloria.

El 15 Enero 1895, M. Agnès Eugénie et M. M. Rosario, acompañadas de Sr M. del Salvador, salieron para el Salvador para explorar el terreno. Se decidió la fundación y en lugar de cerrar una casa se abre otra…

El 15 de Octubre del mismo año llegaban 10 hermanas destinadas a la fundación de Santa Ana viniendo a la cabeza M. Maria Carolina. Antes de ir al Salvador, pasaron unos días en León para alegría nuestra.

En cuanto a nuestra querida casa de León, se fué desarrollando de año en año. M. Marie Rosario fué llamada a Auteuil por M. Marie Célestine, hacia agosto de 1895 para reemplazarla en Santa Isabel y  Mère Agnès Eugénie se quedó como superiora en León. El pensionado se desarrolló mucho bajo su gobierno así como todas las obras iniciadas por M. Marie Rosario.

La M. Agnès permaneció en León como superiora hasta el mes de Marzo de 1909. Fué en ese momento cuando Mère M. Célestine me nombró superiora de esta querida Casa que dejé el 26 Noviembre 1927 para ir a Santa Ana. Nuestra Madre M. Joanna nombró a la Madre Francisca de Paula Supérieure en mi lugar.

 

Soeur Véronique Thiébaut, 

Archivista de la Congregación

TRESORS d’ARCHIVES n°4