Buenos días, en este segundo domingo de Cuaresma, les propongo una reflexión sobre María Eugenia y la vida de artista. Los talentos son importantes para ella, todo el mundo lo sabe. Ella cree que es importante ser fiel a los talentos que Dios nos ha confiado (ME, Instrucción de capítulo del 24 de marzo de 1878). Le gustaría que los utilizáramos para el servicio de Jesucristo. De hecho, las primeras hermanas eran verdaderas artistas. María Eugenia bordaba. Y vamos a tratar de comprender lo que significaba para ella esta actividad.
Cuando bordaba, María Eugenia intentaba ponerse a disposición de Dios, como la tela que tenía entre sus manos (ME, Instrucción de capítulo del 27 de junio de 1880). Y vean, creo que pensaba en la Virgen María. Porque estaba convencida de que en Nazaret, María, a través de las tareas sencillas y ordinarias, se ponía a disposición de la presencia de Dios, en una vida de silencio, en una vida contemplativa.
Entonces, la pregunta para nosotros hoy es: ¿cuál es nuestra manera de bordar? ¿Qué hacemos para entrar en una actitud contemplativa? Podemos leer, dibujar, contemplar la naturaleza, escuchar música... En otras palabras, ¿qué hacemos para disponernos interiormente y acoger a Cristo que pasa por nuestras vidas? ¿Qué hacemos para abandonarnos a su presencia?
Es importante, dice María Eugenia, porque el Señor quiere «imprimirse» en nosotros. Quiere que, a través de nuestra vida interior, lleguemos a parecernos a él (ME, Instrucción de capítulo del 12 de agosto de 1877).
Para ello, para parecernos al Señor, ¿qué podemos hacer?
En primer lugar, dejar que el Señor escriba él mismo en nuestras vidas para que dibuje en ellas la semejanza de la que sueña. María Eugenia recuerda así que San Bernardo compara a Dios con un escritor o un pintor que guía la mano de un niño pequeño (ME, Notas íntimas, n.º 205/01).
Pero también debemos colaborar en la obra de Dios en nosotros, contemplarlo detenidamente, con atención, observar los más mínimos detalles del Evangelio, como lo haría un artista antes de pintar un modelo. Escuchemos a María Eugenia: «Si la hermana que pinta, cuando hace un cuadro, mirara para arriba en lugar de mirar a su modelo, si lo mirara solo de lejos y de manera vaga y general, no haría nada parecido. Del mismo modo, para conocer a nuestro Señor y formar en nosotros su divina semejanza, hay que acercarse a él y aplicarse a él. » ( ME, Instrucción de capítulo del 10 de marzo de 1878)
Escuchar, mirar, es la llamada del Evangelio de la Transfiguración. Dejarnos conmover por la belleza del rostro de Jesús, como los discípulos, que ya no veían a nadie más que a él, a Jesús, solo. Sí, si podemos, miremos con atención. Trazaremos en nosotros los rasgos de su bondad. Podremos asemejarnos a Jesucristo para hacerlo vivir en nosotros si, por supuesto, creemos, como María Eugenia, que hemos sido creados y traídos al mundo para eso (ME, Notas íntimas, n.º 215/01).
Así pues, esta semana, ¡vivamos como artistas! Bordemos, dibujemos, contemplemos, leamos... Seamos a la vez la obra diseñada por el Señor y tratemos de mirarlo con gran atención para poder reproducir sus rasgos en nosotros (cf. ME, Instrucción de capítulo del 6 de agosto de 1893). ¡Que tengan una buena semana con el Señor y con María Eugenia!
Sr Véronique Thiébaut, RA
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