Hna. Véronique Thiébaut, RA
¡Hola!¡Aquí pueden ver el manto litúrgico de Santa María Eugenia. Nos recuerda el vestido blanco que los bautizados reciden al día de su bautismo! Las primeras hermanas lo vestían durante la celebración de los oficios, como signo de luz y resurrección. El ciego del evangelio, por su parte, recibe una luz aún más importante que la que ahora contemplan sus ojos: es una luz interior, el calor que nace en el al encontrarse con Cristo... María Eugenia dice: «La única luz verdadera es la que brilla por dentro»[1]; es el Señor quien es «la luz de nuestras almas»[2]. Podemos acercarnos a él para que brille en nosotros[3]...
María Eugenia querría que recordáramos que «Dios está en lo más profundo de nuestra alma... como un sol resplandeciente a través de un cristal»[4]. También dice: «Cuando una catedral está orientada, se presenta a los rayos del sol de una determinada manera. Ofrece su cabecera a la luz». De ahí surge una pregunta: ¿está nuestra alma habitualmente orientada , « vuelta » hacia el Señor?[5]Varias veces al día, podemos reorientar nuestra existencia hacia El, volverla hacia el Señor mediante un movimiento interior. Cada día, podemos prolongar nuestra oración diaria, pensando en él, entregandole nuestra vida … al comienzo de un encuentro, una reunión, un viaje... Así podrá transformarnos.
¡Porque no basta llevar un vestido blanco! Nuestra forma de vivir y actuar debe estar en consonancia con el vestido blanco recibido al bautismo. «No basta haber sido bautizados (...), dice Marie-Eugénie, (...) Nuestro Señor nos dice: «Que vuestra luz brille delante de los hombres»». » Y pregunta : «¿Estamos bajo la influencia de esta luz?»[6].... En nuestra vida cotidiana...
¡Ella dice incluso que Dios comparte con nosotros «un rayo de su luz»![7]¡Anima a las hermanas a convertirse en «mujeres de luz»[8]! Y, al igual que san Pablo en la carta a los efesios, cree que los frutos de la luz divina son la bondad, la justicia y la verdad[9].Según ella, cuanto más nos ponemos bajo la influencia y la acción de Cristo, más se difunde a nuestro alrededor la luz que crece en nuestros corazones a través de actitudes verdaderamente evangélicas.[10] Entonces, podemos preguntarnos: ¿quién influye en mi vida, en mis acciones, en mis pensamientos? ¿Hacia quién oriento mi existencia? Para María Eugenia, es sencillo, ella ha elegido a su influencer: ¡es Cristo!
[1] ME, Instr. de capítulo, 25 de febrero de 1877
[2] ME, Instr. de capítulo, 6 de agosto de 1871
[3] ME, Instr. de capítulo, 6 de agosto de 1873
[4] ME, Instr. de capítulo, 21 de diciembre de 1879
[5] ME, Instr. de capítulo, 25 de agosto de 1878
[6] ME, Instr. de capítulo, 4 de julio de 1880
[7] Cf. ME, Instr. de capítulo, 29 de agosto de 1880
[8] ME, Instr. de capítulo, 21 de diciembre de 1879
[9] ME, Instr. de capítulo, 16 de marzo de 1879
[10] ME, Instr. de capítulo, 21 de diciembre de 1879