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Muisne…una partitura a cuatro manos

M eventJueves, 21 Enero 2021

Muisne…una partitura a cuatro manos [1]

 

Y el Amor nos llevó a las fronteras…para apostar por la vida

 

No sé… si la vida es corta

o demasiado larga para nosotros.

 Mas sé que nada de lo que vivimos

tiene sentido, si no tocamos el corazón

de las personas.

Muchas veces basta ser:

regazo que acoge,

brazo que envuelve,

palabra que conforta,

(…) Y eso no es cosa de otro mundo,

es lo que da sentido a la vida,

es lo que hace que ella

no sea ni corta, ni demasiado larga,

sino que sea intensa, verdadera, pura….

mientras dure.

(Saber vivir, Cora Coralina)

 

En fidelidad al espíritu de nuestro Capítulo General 2018, que nos invitaba a ser servidoras de la Vida en medio de los más vulnerables, nuestra Provincia dejó que el soplo de Espíritu nos trajera hasta MUISNE, Esmeraldas. Una zona olvidada por el gobierno central, una de las provincias más empobrecida de nuestro Ecuador. Un Vicariato apostólico de misión, confiado a los combonianos desde hace 50 años.  El Obispo, Monseñor Eugenio Arellano (que fue también el presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana) nos ofreció el acompañamiento de dos colegios (con 1200 alumnos)– que fueron totalmente reconstruidos después del terremoto del 2016- y la atención pastoral de 96 pequeños recintos rurales. Esta última misión la compartimos con una comunidad de SVD, misioneros de Asia que también hacen su camino de inculturación.

Fui destinada a la “Isla del encanto”- como le dicen a nuestro rinconcito- en enero del 2019. Para regresar a mi pueblo –después de 6 años en la Casa Madre- entrando por la puerta estrecha de la pobreza y la encarnación, en  una bellísima aventura como la de aquellos exploradores de la tierra de promisión.  Somos ahora una comunidad de 5 hermanas  que desde que se sembró aquí ha compartido- en diferentes momentos- la vida y la misión en Asunción Juntos, con tres laicas entusiasmadas y comprometidas con nuestro carisma (Emilia, una antigua maestra de nuestro colegio de Guayaquil miembro del Camino de Vida.  Valeria, una odontóloga, exalumna en prácticas profesionales, e Isidora, una joven  AMA chilena).  Llegamos con inmensa ilusión, dispuestas a descalzarnos para conocer una cultura y una realidad totalmente nueva para nosotras, porque Esmeraldas es como otro paisito, dentro de nuestro país. Y aunque aún no cumplimos los dos años, ya nos sentimos parte de este pueblo…sin por ello dejar de vivirnos en talante de sorpresa, admiración y compasión.

Es una realidad muy pobre. A muchos niveles.  Pobreza que ha dejado heridas en el modo de ser de la gente y en sus reacciones. Las familias muy rotas y disfuncionales. Nuestros niños y jóvenes son hijos de esa profunda disfuncionalidad que se vive en los hogares, que no son tales porque casi no existen parejas estables o núcleos familiares que protejan y cuiden. La mujer totalmente desvalorizada, mucha promiscuidad, ausencia de puestos de trabajo, con una economía de supervivencia, con la amenaza constante de la droga y del dinero fácil. Expuestos también a los embates de la naturaleza…aguajes, mareas, inundaciones, tsunamis, temblores, etc…

Aquí los estereotipos de familia, de modelos pastorales y proyectos eclesiales se rompen. También las respuestas preconcebidas. Y si Muisne sabía de vulnerabilidad y fragilidad, la pandemia vino a desnudar aún más esta realidad precaria y a desinstalarnos totalmente. Cuando creíamos que después de un año ya podíamos pisar con mayor seguridad y empezar a ofrecer propuestas más concretas, nos dimos cuenta de que aún la consigna sigue siendo: ESCUCHAR Y DESPOJARNOS. Acoger la incertidumbre y caminar ensayando a cada paso. ¡Ser creativas y dar paso a la imaginación profética! Seguimos descubriendo a nuestra gente, una amalgama de fe sencilla, de gestos solidarios luminosos, de generosidad, nobleza y alegría, de terco empeño por la vida, inmunizada de resiliencia y fortaleza, pero también contagiada de actitudes egoístas y mezquinas, de líderes mentirosos y corruptos, de una desesperanza que lo invade casi todo, del mal que está allí “rondando y buscando a quién devorar” …

Otro rostro del Ecuador profundo. El cantón tiene una belleza natural indescriptible, playas vírgenes y rincones inexplorados magníficos, que contrastan con la ausencia casi total de infraestructura para acoger turismo. No hay agua potable en la isla, ni alcantarillado, y el paso de autos sólo se da con gabarra (que está parada hace 6 meses!). Hay un puente peatonal que nos conecta al “continente”-como dice la gente- y que se construyó a raíz de la emergencia humanitaria del terremoto del 2016, que marcó un antes y un después para Muisne. La gente es mulata, más que afro, porque tenemos muy cerca a la vecina provincia de Manabí, que vino a poblar y colonizar estos terrenos hace varias décadas y se mezclaron con los afrodescendientes nativos. Eso da como resultado una cultura mestiza con características muy particulares. La gente, en su mayoría, vive de la pesca y de ventas de supervivencia…no hay centros de educación superior, así que los jóvenes que quieren continuar su educación deben migrar a las ciudades cercanas…pero eso es para pocos en realidad…

Ese es nuestro hoy, desafiante, interpelante. El Covid19 trajo consigo también el milagro de la técnica llegando a casitas de caña y piso de tierra. La educación virtual ha requerido una verdadera campaña de alfabetización digital dirigida a maestros, alumnos y padres de familia (también, por qué no decirlo, ¡dirigida a nuestra comunidad!).  Hemos vivido una bella experiencia de aprender juntas lo virtual tomadas de la mano y apoyándonos a cada paso, discerniendo las respuestas, las pequeñas iniciativas. Cada día me levanto preguntándome qué puede aportar nuestro carisma en la transformación de nuestro entorno. Qué vino nuevo podemos ofrecer…qué esperanza debemos alentar. Qué brechas podemos acortar. El Emmanuel nos esperaba aquí, y vivimos muchísimos aprendizajes. No quiero perder la pista a los guiños constantes del Señor en esta realidad tan diferente y frágil, y ahora puedo decir que mis años anteriores han preparado esta kénosis que mi corazón deseaba y temía- todo al mismo tiempo-. Acojo  como un verdadero regalo del Amor poder entender un poquito mejor el misterio de la Encarnación desde aquí y es un privilegio vivir la gracia de una fundación. Como dice el poema de Cora que encabeza estas letras, me siento llamada a tocar la vida de los que cruzo, ser bálsamo y escucha, ternura y abrazo.  ¡Qué gran misión!

María Eugenia Ramírez, ra

 

 

Ora et labora

Todo comenzó en agosto 2019. El día 13 confirmé que Muisne sería  el lugar donde viviría un año haciendo la experiencia de salud rural. Las hermanas me abrieron sus puertas y empecé a hacer maletas. Me dijeron que necesitaría botas, repelente, bloqueador solar, pero no me imaginé que mi corazón también tendría que ir preparado.

Cruzar el puente, llegar a la isla, los abrazos de recibimiento, fueron solo las primeras imágenes palpables del rostro de Dios.

Por el trabajo, debía ir todos los días a una comunidad llamada Bilsa, a 30 minutos de la isla. Pero la experiencia sería más que sólo trabajar. Las hermanas me enseñaron su ritmo de oración. Así que cada mañana compartíamos Laudes. Debo confesar, levantarme más temprano fue un gran desafío.

Al regresar cada tarde, alcanzaba unos minutos de adoración. Rezábamos vísperas, íbamos a misa, cenábamos y terminábamos con completas. Los fines de semana, disfrutaba del grupo juvenil, por un tiempo tuvimos grupos de guitarra y los domingos eran comunitarios.

Cuando enumero las actividades, me parece irreal que entren en tres líneas. Y es que todos esos espacios, están llenos de rostros, de vida.

Ser odontóloga en un lugar donde a penas se tiene acceso al agua de rio, se convirtió en una oportunidad para servir desde lo que se es, más que desde lo que se tiene.  Pero con la certeza de que no lo hacía en mi nombre, me sentía enviada por una comunidad. No iba sola, cada día, el Señor se me presentaba en un rostro diferente. Cada familia, cada niño, me traían la imagen de un Nazareth ecuatoriano. En casa, cuando compartíamos experiencias de misión en la comunidad, era confirmar que ser Asunción no tiene limitantes. Cada cual, desde su vocación, tiene un puesto y una misión.

Cuando llegó la pandemia, la seguridad creada a través de los hábitos, se derrumbó. El pueblo Muisneño, al igual que el mundo entero, sintió miedo. Se refugiaron entre los sembríos, pero los que se quedaron, caminaban sobre la delgada línea entre exponerse para sostener su familia económicamente o enfermar y abrazar todo lo que eso implicaba. La frustración de no poder hacer más ante una amenaza biológica como el COVID, fue el sentimiento y la tónica que marcó-y sigue marcando-  las vidas de tantos médicos, enfermeros y odontólogos, que pasamos de estar cómodos en consulta, a correr y cambiar nuestras responsabilidades habituales por las que se necesitaban según la situación.

Cada vez más me asombro de cómo el Señor se manifiesta en este tipo de situaciones. Y es que la solidaridad no tardó en asomarse. Jóvenes preocupándose por otros, adultos, creando redes para que no le falte el pan a nadie. Unos a otros animándose.

Muisne es la isla del encanto –así la llaman los muisneños- , hoy no lo dudo. Su gente, historia y ritos tienen un encanto más allá de lo evidente. Me enseñó que vivir a planitud, es lo que hace que la alegría no se apague, que las canciones no se acaben y que la esperanza perdure.

Agradezco a las hermanas no sólo abrirme las puertas de su casa, sino también de su corazón. Sentirse acogida en un espacio ajeno, es maravilloso. Pero sentirse en casa, es otra canción. Gracias Asunción por ser ese rayo de luz en medio de tanto.

Valeria Yerovi B.

 

[1] Quisimos compartir este relato de la fundación de Muisne con un sabor a Asunción Juntos. Eso ha caracterizado nuestra comunidad desde sus inicios: acoger esta nueva realidad vista y amada desde esas dos vocaciones: RA y laico-Asunción