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Provincia de Asia Pacífico: Decir «sí» de nuevo; una renovación arraigada en la gracia, la misericordia y el abandono

P eventLunes, 27 Julio 2026

Junio de 2026 fue un tiempo de profunda acción de gracias y de celebraciones gozosas para la Provincia de Asia-Pacífico: en la parroquia de Tan Nghia, en Tay Ninh (Vietnam), el 13 de junio, la Hna. Rosa María de Jesús Crucificado pronunció sus votos perpetuos. En esa misma ceremonia, la Hna. Marie Christine Hue celebró su Jubileo de Oro, y la Hna. Teresa Guise Gam, su Jubileo de Plata.

Después, el 27 de junio, otro acontecimiento gozoso para la Provincia: la Hna. Pauline Rosa del Niño Jesús pronunció su Profesión Perpetua de Votos, en la capilla de Nuestra Señora de la Asunción, en San Lorenzo-Makati (Filipinas). Fue una celebración conjunta con la renovación de votos de la Hna. Stella Maria del Santísimo Sacramento y de la Hna. Lydia Maria de la Santa Faz, en su Jubileo de Diamante.

14 de junio de 2025 Renovación de votos de la Hna. Mary Teresa, la Hna. Therese Faustina, la Hna. Pauline Rosa, la Hna. Teresa Hanh y la Hna. Christine Emmanuel

Esta Renovación de Votos es un poderoso recordatorio de que la llamada a seguir a Cristo nunca envejece: solo se hace más profunda. Es un momento de agradecido recuerdo, al evocar tu primer «sí» —y cómo Él te ha sostenido desde entonces—. Recuerdas tus alegrías, tus luchas y los «síes» silenciosos de cada día ordinario y, aun con todo ello, dices una vez más:

«Deseo consagrarme a Él y dedicar toda mi vida a la extensión de su Reino».

Una vocación nunca se merece; es un don. Es misericordia. Y por eso, toda renovación es también un acto de acción de gracias por el Dios que ha perdonado, sostenido, inspirado y fortalecido.

Como cristianos y como religiosas, conviene recordar que todo lo que vivimos es mayor que nosotros mismos —mucho mayor— y que no podemos contener por nosotros solos la generosidad y la fidelidad de Dios. Esto es especialmente cierto en nuestras luchas y sufrimientos. Nuestros propios votos no pueden guardarse por nuestra sola capacidad; alguien más grande —el Señor mismo— nos sostiene y nos guía para ser fieles, para vivir nuestros votos cada día. Tu renovación de votos no depende de tus capacidades; es posible gracias a la gracia y la generosidad de Dios. Tus votos son, en realidad, tu simple fiat: tu «sí» en respuesta a este Dios generoso y misericordioso. Pronuncias tus votos a causa del amor siempre renovado de Dios: por ti, por nosotras y por su Iglesia.

Así podemos tener la certeza de que, si nos entregamos por entero a este Amor, su Amor, si dejamos que este Amor sea nuestra guía y fundamento, nuestras promesas religiosas nunca se romperán, incluso cuando sea difícil, incluso cuando nos sintamos desanimadas. Recuerda: Dios nunca nos fallará, y Dios nunca fallará a su Iglesia. Dios es más que capaz de obrar milagros a través de nosotras; puede usarnos como canales de su amor para su amada Iglesia.

En un mundo de compromisos a medias, decir «sí» y decirlo de verdad es un testimonio poderoso. La vida religiosa es un «sí» que resuena a lo largo de los años: no estático, no fácil, sino profundo y sincero.

Tu «sí» de hoy es una continuación de aquel primer «sí» y una preparación para todos los «síes» que vendrán. Dices «sí» en un mundo que prefiere el «quizás» y valora más las opciones que los compromisos. Pero aquí estás, ante Dios, la Iglesia, tus Hermanas y tu comunidad, para decir: «En tus manos, Señor, renuevo mis votos de castidad, pobreza y obediencia… en la Congregación de las Religiosas de la Asunción». Este «sí» no consiste solo en permanecer: consiste en pertenecer, en hacer sitio al Reino de Cristo en tu vida y en el mundo, a través del carisma de santa María Eugenia y de la Regla de Vida que has abrazado.

Al renovar hoy tus votos, recuerda el ejemplo de la Santísima Virgen, nuestra Madre María: cuando dijo «sí» al ángel Gabriel para ser la Madre de Jesús, no fue un «sí» nacido de la confianza en su propia capacidad, sino de un abandono total y de una entrega orante a un Amor que es siempre más grande, más amplio y más importante que el nuestro. «Somos siervos del Señor; hágase en nosotros según su amorosa voluntad».