local_offer Espiritualidad local_offer JPICS

Jóvenes con una misión: cuidar la creación

J eventViernes, 18 Septiembre 2026

Santa María Eugenia de Jesús creía firmemente que cada uno de nosotros tiene una misión en la tierra, ¡y así es! Cada uno, desde su propio contexto, tiene una misión específica. Dios ha querido compartir su Espíritu con cada uno de nosotros y nos ha hecho partícipes de sus dones y cualidades, y es nuestro compromiso ponerlos en común para hacer posible y visible el Reino de Dios.

San Pablo, en el Nuevo Testamento, en la carta a los Romanos, dice que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rm 14, 17). Santa María Eugenia de Jesús también creía en un Reino social, donde Cristo reinara en medio de la sociedad. Y ¿qué significa que Cristo reine, sino que sea una sociedad justa y solidaria? Pero hoy esa justicia debe alcanzar también a nuestra casa común: la creación.

Como sociedad, vivimos inmersos en una cultura del consumismo y del descarte, como nos recordaba el papa Francisco, donde no se valora al ser humano ni a la creación. Desde esa cultura, el mercado inventa necesidades que nos llevan a desechar con facilidad los recursos que tenemos y que consideramos pasados de moda. Así, caemos en la tentación de cambiar el móvil cada año según el nuevo modelo; de comprar zapatos según el color que Pantone define para la temporada; la ropa de un solo uso que termina olvidada y, finalmente, tirada; los termos de plástico que las empresas de bebidas promocionan según la tendencia del momento; y otras cosas que acaban tiradas en las calles y los ríos, sumando más a la contaminación que acaba con los suelos, los ríos y la vida que en ellos se alberga.

Nuestro planeta está pidiendo ayuda y, lamentablemente, quienes tienen en sus manos los destinos de las naciones y el poder para cambiar el panorama parecen estar de espaldas a esta realidad, con unos auriculares de sonido aislante que los hacen indiferentes a esta llamada que el planeta hace.

Pero no todo depende de quienes se encuentran en los puestos de poder. Los jóvenes no somos ajenos a estas necesidades ecológicas. Desde nuestra realidad y en nuestro radio de acción —como dice santa María Eugenia— podemos marcar la diferencia. ¿Cómo podemos hacer visible el Reino de Dios, desde una mirada ecológica, desde nuestra juventud? No hace falta convertirnos en grandes activistas —que nunca están de más y son más bien necesarios—, sino tomar conciencia de nuestra responsabilidad en la huella ecológica y decidir realizar pequeñas acciones como:

  • Respetar la vida misma, tanto la vida humana como la no humana; es decir: la flora, la fauna, el reino fungi, los minerales, etc.
  • Usar bolsas reutilizables para nuestras compras en el mercado o el supermercado, evitando el plástico de un solo uso que termina contaminando las aguas dulces y los mares.
  • Evitar el uso indiscriminado de Internet y de la IA, ya que afectan a los océanos y aumentan el calentamiento global.
  • Cuidar los jardines y los árboles que estén a nuestro alrededor.
  • En pocas palabras, disminuir nuestra huella ecológica desde la conciencia de que todo en el planeta está conectado, y de que lo que afecta a los ríos y los océanos nos afecta también a nosotros, aunque parezca que no.

Son pequeñas acciones que están a nuestro alcance. Cuando rezamos el padrenuestro, le pedimos a Dios que venga su Reino; quizá debamos cambiar un poco la narrativa y pedirle que nos haga artesanos de su Reino, que nos ayude a vivir de forma coherente y en armonía con la creación, de manera que vivamos un Reino donde Dios sea reconocido no solo en cada ser humano, sino en la creación misma, que es obra de sus manos.

 

Eliette Quintero

America Central y Cuba