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La creación un camino hacia la reconciliación y la paz

L eventViernes, 04 Septiembre 2026

Cuidar la orientación humana y espiritual es una decisión que brota del carisma de la Asunción; esto permite al estudiante forjar su carácter y encontrar el camino de su libertad interior, que le lleve a vivir el encuentro consigo mismo, con los demás, con Dios nuestro Creador y, por ende, con todo lo que le rodea. De ahí la importancia de acompañar y formar, desde nuestra espiritualidad asuncionista, a los docentes y al personal que trabaja en nuestras instituciones, de manera que se sientan invitados a vivir la corresponsabilidad desde el amor que impulsa el compromiso con el futuro, orientando a las nuevas generaciones.

Sin embargo, el desafío de los cambios rápidos es una preocupación continua, por lo que debemos preguntarnos: ¿qué significa hoy educar a las nuevas generaciones para que cuiden lo que Dios ha creado, desde los valores del carisma asuncionista? Educar implica vivir y cultivar la pedagogía de la proximidad, que nos lleva a desarrollar la mirada contemplativa y nos exhorta a descalzarnos para escuchar la realidad con esperanza y creatividad.

Asimismo, las actitudes son una garantía para cuidar los recursos que la madre tierra nos proporciona: un camino de sostenibilidad hacia la reconciliación y la paz. El Papa aborda la crisis que vive la humanidad a causa del individualismo. El ser humano ha sido creado con una misión en la tierra, y el papa Francisco nos dice:

El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado (Francisco, 2015, n. 13).

Pero ¿qué hacer ante el daño que seguimos ocasionando al planeta? ¿Cómo enseñar a los niños, adolescentes y jóvenes a cuidar la creación desde gestos compasivos, amables, empáticos y tolerantes, de modo que estos gestos sean abono en el diario vivir y florezca una paz con justicia en nuestro entorno, como puente de comunión para disminuir la violencia que habita en el corazón del ser humano, mientras sigue en aumento el deterioro de la madre tierra que nos alimenta? Recordemos lo que dice san Pablo: «Vemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto» (Rm 8, 22). Con frecuencia olvidamos que toda la humanidad somos tierra (cf. Gn 2, 7).

Todo esto conlleva un desorden interno y externo que no permite que avancemos en el anuncio del Evangelio, dado que el pecado va generando acomodamiento, interpretaciones, rechazo y juicios que contribuyen a las grandes estructuras deshumanizadoras. Por otro lado, se nos exige vivir una fe encarnada ante la realidad que nos desconcierta. Dios, en su bondad, quiere que el ser humano viva; por eso, desde el principio de la creación, puso al hombre para que cuidara la tierra (cf. Salmo 24, 1-2).