Sr Véronique Thiébaut, RA
Buenos dias, hoy vamos a hablar de María Eugenia, la sed y los jardines.
En 1874, mientras participaba en la segunda Peregrinación Nacional a Lourdes, María Eugenia utilizó esta pequeña timbala para beber del manantial que brotaba de la roca de la gruta. Esta timbala me recuerda a la samaritana. «Dame de beber», le dice Jesús. María Eugenia comenta: «Camina de pueblo en pueblo, de lugar en lugar» (MME, Instr. 2 de marzo de 1883). Es «como nosotros, sujeto a nuestras fatigas humanas». » (MME, Instr. 24 de febrero de 1878)
¿Qué significa esta sed para María Eugenia? Podemos decir que es, ante todo, una expresión de la fragilidad humana. « ¿Qué corazón no tiene sed? dice ella. No hay tormento más terrible que la sed. » (MME, Instr. 24 de diciembre de 1886). Y, a menudo contempla la sed de Cristo durante la Pasión y, como penitencia, a veces se impone beber menos para unirse a Cristo, que tiene sed en la cruz. Con él, en este tiempo de Cuaresma, podemos simplemente colocar nuestras fragilidades, nuestros vasos vacíos, en el borde del pozo y aceptarlas.
Pero, dice María Eugenia, Cristo está habitado por otra sed: «Sin duda estaba aún más cansado por la búsqueda de ese pueblo que él esperaba, por el deseo de dar esa agua... que había venido a traer a ese pueblo. » (MME, Instr. 24 de febrero de 1878) Sí, Cristo tiene sed de su pueblo, de ti, de mí, de cada uno de sus hijos. Jesús, al iniciar el diálogo con esta mujer samaritana que se acerca al pozo, espera despertar su sed interior.
Él, que tenía sed, quiere convertirse en fuente de vida, fuente de agua, para nosotros, para nosotras. Cuando nos sentimos secos, dice María Eugenia, podemos «establecer un canal entre la fuente divina y nuestra pobre alma seca, árida ». Y cuando se hace dificíl la oración tenemos que perseverar en volver a esa fuente. Sería como «regar nuestro jardín» (cf. MME, Instr. 19 de agosto de 1883). Aquí es la pregunta : ¿Cómo vamos a regar nuestro jardín interior ?
Esta perseverancia consiste en permanecer, en silencio, con pobreza, cerca de la fuente de Cristo: «Cuando queremos beber de una fuente, si retiramos el vaso, pronto se vaciará. Pero si lo dejamos de manera que la fuente lo llene, siempre estará lleno. Si dejamos nuestros corazones en el de nuestro Señor Jesucristo, siempre estarán llenos de cosas buenas, nunca estarán vacíos ni de su amor ni del verdadero amor al prójimo. » (MME, Instr. 14 de diciembre de 1883)
Así, llenos del amor de Cristo, quizas podremos oír, como Madre Teresa Emmanuel en 1856, a Dios que nos dice: «Te ilumino con infinito cuidado, pero no creas que es tanto por ti misma. Es por los demás. Te he hecho canal. Es para regar. Yo soy fuente en ti, y quiero derramarme a través de ti (...) Tú eres como un jardín donde se cultivan verduras y frutas para alimentar a todos los que vienen». Entonces, esta semana, junto al pozo con la samaritana, dejemos que Dios nos transforme, no olvidemos regar nuestro jardín interior, bebamos a las fuentes verdaderas.