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Poniendo los ojos en… la provincia de Francia

P eventSábado, 15 Agosto 2020

Francia y la crisis sanitaria, abril 2020

El presidente Macron, en un discurso televisado anunciando el confinamiento, el 13 de marzo, tuvo palabras duras en cuanto a las transformaciones necesarias en nuestros modelos económicos y en nuestros estilos de vida: habló de "rupturas" necesarias. También habló de la necesidad de proteger los bienes públicos: "esto es lo que revela esta pandemia, hay bienes y servicios que deben estar más allá de las leyes del mercado. Delegar nuestra alimentación, nuestra protección, nuestra capacidad de cuidar, nuestro entorno de vida con otros es una locura. "¿Qué pasa con eso?

La situación en Francia es contrastada a todos los niveles: sanitario, social, económico y ecológico. Por un lado, la crisis es una oportunidad sin precedentes para obligarnos a reducir la velocidad, para fomentar la disminución de nuestras actividades de consumo excesivo, para reflexionar sobre nuestras vulnerabilidades individuales y colectivas, para tomar conciencia de que, frente al carácter insostenible de nuestras costumbres, otros caminos son posibles. Se han puesto en marcha numerosas iniciativas de solidaridad: aplaudir desde el balcón, a las 20 horas, a los cuidadores y otros trabajadores por el bien común que regresan a casa, llamar a las personas aisladas, renovar los lazos familiares y de amistad, para apoyar a las asociaciones y a las personas en situación de gran precariedad... Las empresas se han movilizado para cambiar su aparato productivo y fabricar mascarillas para los cuidadores.

Por otra parte, el futuro es muy incierto, y no es obvio que se produzcan transformaciones macroeconómicas y sociales en favor de una mayor justicia ecológica y social: la caída del precio de los combustibles fósiles está poniendo en peligro las inversiones en energías renovables; la reubicación de un cierto número de centros de producción, la necesaria mutación de las profesiones y formas de trabajo, requieren inversiones que no se prevén actualmente; El confinamiento es una fuente de desigualdades redobladas, entre los trabajadores de cuello blanco que pueden tele trabajar y los trabajadores y actores que aseguran el mantenimiento de los servicios públicos y el acceso a los bienes y servicios básicos, entre los que tienen los recursos para hacer frente a choques relacionados con una disminución de la actividad económica y aquellos que se ven afectados duramente, sin una red de seguridad. Algunos viven el confinamiento en buenas condiciones materiales y culturales, otros como un confinamiento que conduce a la monotonía, a la fatiga e incluso a la violencia, y el riesgo es de volver a las formas anteriores sin querer un cambio.

Para prepararnos para los tiempos venideros, el desafío es por lo tanto nuestra capacidad colectiva para mirar todas estas realidades desde el punto de vista de los más vulnerables: las personas gravemente afectadas por COVID, ciertamente; pero también todos aquellos y aquellas para quienes esta crisis representa un doble castigo. En este contexto, la Iglesia en Francia, muy dañada y deteriorada por los escándalos relacionados con los abusos de pedófilos, abusos sexuales y los fenómenos de influencia moral y psicológica por parte de sacerdotes, religiosos y laicos muy comprometidos, se ha convertido, como de muchos cristianos de todo el mundo, en una forma de prueba: una Cuaresma sin celebraciones públicas, sin reunión física. A través de diversas voces y múltiples compromisos, los cristianos trabajan con otros para fomentar las rupturas y preparar el mundo del mañana. Tal vez en estos desprendimientos sufridos e inevitables, como en todas las medidas de distanciamiento social, podemos experimentar, en lo cotidiano, la profundización de los lazos sociales en la escucha atenta, en la palabra beneficiosa, en la mirada asombrosa, en la belleza contemplada, en la compasión mostrada.

Nuestras comunidades viven el encierro en la diversidad de situaciones geográficas de la Provincia: algunas con hermanas en cuarentena, o de toda la comunidad por un tiempo (en Bondy); todas con la preocupación de mantener las relaciones fraternas de manera diferente, ad intra y ad extra: la creatividad está en el centro, para tejer redes de amistad y de apoyo en nuestros lugares de vida y con los vecinos, familiares, etc. El Campus de la Transición, donde vivo con un jesuita y 24 jóvenes (profesionales, pasantes, estudiantes de servicio cívico, voluntarios), ha puesto en marcha un curso en línea sobre "resiliencia y transición" para acompañar a quienes puedan dedicar un tiempo para conocer los retos de la transición, en una perspectiva reflexiva e interior, atenta a las emociones que provoca esta crisis sanitaria, con vistas a compromisos varios.

En nuestros Colegios, se busca flexibilidad, adaptación y compromiso: para apoyar a los alumnos y ayudarles a organizarse y a encontrar un ritmo, facilitando vínculos entre profesores y Colegios, aprovechar este período para reflexionar y probar innovaciones pedagógicas.

En esta época de Pascua, celebramos la victoria de la Vida sobre la muerte. Cristo Resucitado, que nos precede en nuestras Galileas, en todos nuestros lugares de confinamiento, nos ayude a vivir en un estado de incertidumbre, apoye todas nuestras conversiones colectivas hacia un mundo de austeridad solidaria, y haga germinar y fructificar tantas semillas para una mayor justicia, paz y cuidado de nuestra casa común.

Cécile Renouard r.a.